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“Vendimos todo lo que compramos en años para poder comer”

Información General 15 de agosto de 2018 Por
Una historia trenquelauquense del ajuste para abajo. Con cuatro hijos, una familia vendió desde garrafas hasta los muebles para sobrevivir en los últimos meses. Una situación que se multiplica en una ciudad donde la brecha social se agranda cada vez más.
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Por Diego Tiseira

En qué otra cosa podía desembocar un ajuste que lleva dos años y medio. En qué otra cosa, sino en el hambre del pueblo. En qué otra cosa podía desembocar el tarifazo sino en esta foto trenquelauquense que nos muestra una familia devastada, eligiendo entre comer y pagar la luz. En qué otra cosa sino en esta historia, que es una historia de muchas, podía terminar el aumento de tasas municipal en un contexto de crisis feroz, o el rechazo local a la emergencia tarifaria.

Trenque Lauquen es una ciudad cada vez más desigual. Pocas familias que tienen todo y muchas, cada vez más, que tienen cada vez menos.

Una de esas familias, de las que tienen nada, nos muestra de qué manera las políticas neoliberales golpean y sacan hasta la dignidad.

“En este momento tengo los dos recibos de luz para pagar y llegué al punto de que no me interesa si puedo pagar o no, lo que más me interesa es tener una garrafa y darle de comer a los nenes… a esta altura tener o no tener luz la verdad ya no me importa” relata Yanina, que lleva adelante desde hace años un emprendimiento gastronómico.

Su marido trabaja como constructor para el Municipio de Trenque Lauquen desde hace diez años bajo la figura de monotributista. “Nunca le faltó trabajo y hace 3 meses que empezó mal, haciendo cositas chiquitas. Ahora hace un mes y días que no trabaja, supuestamente porque no hay materiales” cuenta su compañera.

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Esta familia, esta fotografía de la realidad trenquelauquense, como salteado. La prioridad es el niño de siete años. “Tengo amigas que me ayudan, a vender pre pizzas, me alcanzan un paquete de fideos, puré de tomate… me prestan plata para comprar un kilo de pan… shampoo, jabón, porque ni eso puedo comprar” revela la mujer.

“Vendimos todo”

La crisis económica, el tarifazo, las medidas políticas implementadas por el gobierno en sus tres niveles hicieron que esta familia que, insistimos, es una especie de radiografía de lo que sucede en el distrito, tenga que deshacerse de muebles y objetos para que al menos puedan comer los niños de la casa.

“Lo poco que pudimos ir invirtiendo para comprar envases de garrafas para tener en el invierno los tuve que vender… eso es doloroso, tuve que vender la moto, un equipo de música que debe tener 10 años, vendí una mesa, un juego de café antiguo, en dos meses tuve que vender lo que compré en muchos años” resume Yanina. Y asegura que “todo lo que vendo es para comer, la luz ya no me interesa, no puedo pagarla”.

Cada día es una incertidumbre. Una angustia diferente, que por momentos se puede sobrellevar, y por momentos es como una ola devastadora. “El domingo pasado no comimos nada –relata Yanina-, a mí no me interesa no comer, pero sí por los nenes, y el lunes el más chiquito comió unas facturas oreadas, a la noche no comió, y comió recién el martes porque una amiga me dio para que coma el más chiquito”.

A cualquiera en su situación le costaría mucho mirar para el costado, interesarse lo que le pasa a otras y a otros. Seguir viviendo con empatía. No es el caso de Yanina, que peses a estar atravesando una situación límite, no deja de advertir sobre lo que ocurre en otros hogares de Trenque Lauquen. Se angustia, se indigna y gasta sus energías para colaborar con bolsones de comida que se están juntando en estos días, y cuyos destinatarios son niñas y niños que concurren a jardines maternales municipales y que no tienen asegurada su alimentación.

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“Hay un montón de gente que está así –advierte-, conozco municipales que han sacado créditos y créditos y créditos para pagar las tarifas y cuando van a cobrar no tienen ni 100 pesos”. Y explica que en muchos casos “zafan porque mandan los nenes a Casa del Niño, o van a escuelas de doble jornada para que puedan comer a las 12”.

La Escuela, de lunes a viernes, asegura el desayuno, el almuerzo y la merienda, que en muchos ocasiones “es la única comida de los nenes, porque a la noche no hay nada para comer, son familias que cuidan la garrafa para el fin de semana porque durante la semana comen en la escuela”.

Esta familia, que abre las puertas a su historia y que insistimos, es una historia entre muchas, antes contaba con el almuerzo y la cena todos los días. “A veces podíamos comer comidas diferentes, ahora con suerte comemos algo a la noche” explica.

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-¿Ante esta situación el Estado brinda alguna respuesta?

- La verdad que no voy a salir a pedir nada, el Municipio me entregaba el bolsón de mercadería y en noviembre del año pasado me lo sacaron, supuestamente porque mi marido trabaja como monotributista en el Municipio.

Ante  un ajuste que lleva dos años y medio, las respuestas parecen venir solo de amigos, familiares, vecinos, otros y otras que ven en este un modelo económico que no busca solucionarle los problemas a la gente. Un modelo en el que el estado recorta la ayuda social y la percibe como un gasto más que hay que reducir.

Ante este ajuste para abajo, los únicos que dan respuesta son los pares, los que también la pasan mal, los que saben que el bienestar es para todos y todas o no es.

GIF REMERA CATALEJO

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