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Nuestra furia no se apaga con las lluvias

Géneros 16 de agosto de 2018 Por
A una semana de la votación en el Senado donde se reforzó la elección por el aborto clandestino, con la historia de Elizabeth inundando las redes, las calles, la bronca, el dolor, otra muerte más financiada por el Estado, la Iglesia y el negocio del aborto clandestino. Con restos de perejil en el útero, con 34 años, con un hijo. Nunca olvidaremos el alivio que este resultado le generó a una parte de quienes pretenden representarnos pero tampoco nos olvidaremos de nuestra vigilia, de nuestras disidencias, de nuestro inconformismo y acá estamos escribiendo nuestra parte de la historia de lo que fue el 8 de agosto de 2018.
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Por Lila Magrotti Messa

Tuvimos que tomarnos nuestros días para decantar, como las ropas mojadas por lluvias seguidas de días de intensa humedad. Secado lerdo, pausado, con vaivenes, secado atacado por el rocío de la tardecita. Así quedamos las cuerpas después de la vigilia del 8 de agosto en el Congreso, y que te digo en el Congreso, en las calles, en los bares, en las esquinas, en los cajeros automáticos, en las estaciones de servicio, por cada zona. La ciudad feroz se tornó otra cosa, brillos, cantos, sonrisas, pañuelos, paraguas de colores, música, bailes, bombos, tambores, platillos, ruido de marcha y clima de fiesta. La bocha necesitó tomarse sus días para simbolizar lo que el cuerpo habitó.

"Vayan a laburar vagas" nos gritaban las malas lenguas, las malas palabras, las normas engordadas bajo los discursos que no se dejan hacer ni una sola pregunta. Estábamos ahí, en las calles, descomponiendo todas las aspiraciones para cuerpos y cuerpas. No nos poníamos brillos para ir a una cita heterosexual, no nos preparábamos para ir al laburo, estábamos ahí vomitando la idea de lomos que únicamente se preservan para ser (re)productivos como mayor acto posible en esta humanidad que vamos siendo. Productivos dentro de un sistema agobiante, explotador, expulsivo, mortero de las dignidades: todas.

Nuestros cuerpos bajo la lluvia torrencial, nuestros huesos helados y nuestras exhalaciones fabricando humito. ¿Qué es eso de correr el riesgo de enfermar? ¿Para qué si ya saben el resultado? ¿Mañana van a ir a laburar sin dormir? Y si, ahí estábamos dejando de lado todo lo que nos dijeron sobre nuestro organismo. Que no se enferma si se preserva de las lluvias y el frío, que anda bien si produce riqueza a costa de lo que sea, que el deseo que éste comande es menor que lo que esperan de él aquellas zonas que dicen que es sano tomar un subte en hora pico, que es sano cagarse a codazos en plena calle Corrientes a las tres de la tarde o la cuatro o cuando sea, que es sano tragar saliva y aguantar el enojo ante acosos múltiples y cotidianos, que sobre todas las cosas es sano que no desees otros posibles o improbables, que no desees más allá del mercado y las heteronormas. 

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Ahí estábamos gritando, bailando, saltando, habitando, charlando, abrazándonos, dejándonos de someter al relato de la eficacia, de la eficiencia, del individualismo, de las meritocracias, de los cálculos. Ahí estebamos empapadas y heladas tramando justicias y haciendo historia.

En uno de los frentes la derrota era irrefrenable, se sentía en el aire, en la larga previa a ese día, se palpitaba ese clima de pasado que llega con olor a conserva podrida. Esa derrota, la que sucedía paredes adentro, en lo que se supone refugio bajo esos techos que desconocen qué temperatura hace afuera. Ahí perdimos, de alguna manera, ahí donde todo lo otro aplicó su feroz violencia, la que le gusta, esa que quieren pintar de respeto, de República, de democracia. Las normas queriéndose volver más fuerte detrás de senadores que hablan de chimpancés y senadoras que no leyeron, esa normalidad antigua, robusta, la que nos quisieron imponer. Esas normas, las que tienen sabor a violencia de puertas adentro porque quizá si el puño es de marido duela menos porque tiene razón de ser. Ese hedor inmundo de lo naturalizado que inunda argumentando que la violación intrafamiliar no es un acto que podamos llamar violento porque sucede casi sin que el violador sepa que su sobrina de 11 no está disfrutando de eso que sucede.

Y nosotras allá afuera, que con tantísimos esfuerzos aprendimos que eso que parecía natural no lo era y también que la batalla se tiene que ganar puertas afuera, visibilizando. Saliendo masivamente de las clandestinidades múltiples que nos quisieron estampar.

Escuchar a las que marchan: entrevistas necesarias

Entre la lluvia que azotaba a la marea Fernanda Lopéz y Jorgelina Di Iorio se refugiaban momentáneamente en las escaleras de un hotel sin conserje a la vista. Accedieron a contar su experiencia, mezclando el pensar y el hacer en el mismo acto porque, supimos con la charla, eso funda la experiencia cotidiana de ambas. Son parte de Desencajadas un hacer-pensar feminista que brota y sucede en el barrio porteño de San Telmo...

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Pensar las pedagogías

Jorgelina, se define a sí misma como militante de la Asamblea Popular Plaza Dorrego antes que nada, como psicóloga después y como investigadora producto de unir constantemente acción con profesión. Jorgelina investiga, si, pero poniendo el cuerpo, los sentidos, la sonrisa, la bocha, la creatividad, un poco de esa locura que tiene aroma de utopía colectiva, de otros posibles y una determinación imparable, investiga, así y también lee y escribe, arma cuadros para relacionar conceptos. Investiga, si, porque cree que las cosas pueden ser de otro modo y se vuelca a entenderlas para saber dónde dar la puntada y cómo. Ella accede a contestar algunas preguntas para Diario Nep mientras se refugia, por un rato, de la lluvia que cada vez es más y más pesada.

NEP: ¿Qué significa estar hoy, en este momento, en este lugar, acá?

Jorgelina: Es compleja esa pregunta, porque es histórica, porque éste es un momento histórico, hace 10 o 5 años no podía ni imaginar que íbamos a estar viviendo esto. Decimos que “mujer se hace no se nace” y lo mismo podemos decir del feminismo, que es un tránsito, que en realidad estoy acá por otras compañeras que llegaron mucho antes que capaz que una miraba más de costado porque llevaba otras luchas de Derechos Humanos mucho más activamente y luego fuimos entendiendo que el feminismo también es parte del campo de los Derechos Humano, y que en particular el aborto, su despenalización, su legalización, debe ser pensado como un derecho, como una política pública, como deuda de la democracia. Esto ha sido producto de una lucha de un montón de otras, y otres, que hace que hoy estemos acá y que sin embargo es de todas. Es un proceso que se va dando, entonces llegás gracias a que llegaron otras y sin embargo no sentís que llegaste tarde sino que estás siempre en el momento en el que tenés que estar, y que el desafío es para después.

NEP:  Te da la sensación de que están esperando y que vos incluso vas a esperar a otras.

Jorgelina: Si, incluso una está haciendo algo y que no sabe el impacto que va a tener. Hoy estamos acá esperando la votación, hay un clima raro, porque no creemos que vaya a salir como la de diputados, que nos sorprendió haber ganado. Esta es la verdad tenemos mucho en contra pero sin embargo estamos acá y sabemos que también eso es parte de la pelea, que es para después, ni siquiera tiene que ver con nosotras directamente, pero estás siempre pensando en las que vienen después de todo esto que estamos haciendo, que es historia. Esto es en realidad, un aprendizaje una aprende un montón de las pibitas más chicas de 17,15, 20. Yo con 40 veo a las pibas de 20 y pienso yo con 20 ni me veía en ese lugar y hoy una aprende de ellas, de su potencia tremenda, de sus ganas, de cómo van para el frente, lo que hacen es descontracturar las formas en la que conocemos la militancia y creo que eso es lo que el feminismo está haciendo estallar, y así en todos los tipos de relaciones. En particular para quienes venimos de una militancia más social que estamos vinculadas a los Derechos Humanos hizo estallar las formas en las que veníamos pensando nuestro vínculo con los otros, con los espacios, pensando formas más creativas de hacer visible por lo que estamos peleando y me parece que eso hizo que estalle lo demás, creo que ese es el gran logro, socialmente se dio una visibilidad desconocida, desde ciertos símbolos, desde una ética, una estética y una política propia del feminismo que venía desde antes pero que hoy terminó de emerger, se hizo totalmente visible. Y la ola es así, sube, sube, quizá en algún momento baja, pero vuelve a subir después con otra potencia.

NEP: Hay ahí como un movimiento, como un empezar a correrse de los lugares desde donde aprendemos y cómo lo hacemos, de aquello que nos enseñaron los adultos desde un supuesto de superioridad dado de antemano, incluso nos pone en un lugar de aprender a escuchar lo que están diciendo las nuevas generaciones que están hablándonos de manera directa, están interpelando a la sociedad en todos sus lugares comunes.

Jorgelina: Si, claramente, tenés que desarmar y desandar las formas en las que venías haciendo las cosas, no sólo en términos generacionales sino también quienes tienen los saberes para hablar del feminismo para no sea solo una cosa académica, elitista, burguesa, escrita para intelectuales, -sin desconocer su valor- pero que a veces también reproducen una lógica asimétrica de arriba hacia abajo, de quienes son las que pueden o no estar visibles y me parece que lo que estamos viviendo ahora es que cualquiera puede ser visible podés entrar por cualquier lugar. El otro día estaba leyendo algo que un compañero me acercó, de De Certeau  sobre los usos desviados del espacio público en particular, pensando en lo cotidiano y como él habla de algo que se llama actividad hormiga, la de los marginales, los desviados, los que están más al margen, hay una apropiación y un uso desviado del espacio si bien después tuvo muchas críticas, realizan sus tácticas y están ahí saliendo, mirando, buscando, encontrándoles el hueco, casi como en un desvío, una línea de fuga de lo establecido, creo que eso es lo que las nuevas generaciones traen no por ponerme como vieja, pero si hay algo del orden de lo no establecido, de lo que se rompe dentro del quién debería estar diciendo tal o cual cosa, eso se está poniendo en evidencia y es potenciador, transformador, nos abre la cabeza a todas. Es impresionante cuando vez a otras compañeras, o una misma de hecho, cuando se va dando esa transformación en el cómo ver las cosas; yo digo te ponés los lentes del feminismo y no te los sacás más, es como que hace que mirés al mundo de una manera distinta. Y cuando empezás a encontrar cómo a una misma le hizo ese click, o incluso como otras compañeras lo hicieron, encontrás que estamos hablando todas el mismo dialogo. También hay varones que empiezan a dialogar con ello y creo que ese es un punto importante de lo que viene, esto no es sólo algo entre mujeres, aunque necesitamos eso en algún momento, creo que tenemos que construir alianzas con los varones que se problematizan desde ese lugar que también les toco en cómo son socializados en los diversos lugares que les tocaron privilegios. Necesitamos construir alianzas, y que ellos piensen en qué punto son minoría también que hay algo que los convierte en minoría, y en la medida en que nos encontremos como minorías, esas minorías son las que generan innovación, capaz que no lo vemos ahora, no es de un día para otro, ni sucede sin conflicto, es un proceso de larga duración que quizá estamos viendo en movimiento, como producto y como proceso todo el tiempo. Creo que, en definitiva, todo está estallado o subvertido, y pensando en el modo en el que se dio el modo de construcción de la campaña por la Interrupción Voluntaria del Embarazo es que les sub 20 subvirtieron incluso el orden en el cual se construye porque es horizontal, porque es de abajo para arriba, romper con la idea de las viejas y dadas jerarquías donde el que supuestamente está arriba te viene a decir cómo es, creo que eso se dio de tal modo, incluso en la campaña que hizo que estalle toda relación asimétrica, más jerárquica, tradicional.

Entonces hay una lógica de construcción que terminó por estallar y es el vínculo que da por hecho, la escuela, el trabajo, la familia que son justamente las instituciones más tradicionales que ven las cosas desde una lectura de arriba hacia abajo, mas asimétrica.

Creo que se pone hoy en evidencia es eso, el Senado y sus dinosaurios desde una lógica de construcción donde son los viejos los  que mandan porque supuestamente han vivido y ya se la saben, hay ahí una cuestión del orden de la transmisión me parece que eso es súper importante y que se materializó y que es lo que le va a dar continuidad a este proceso de innovación, a esta profunda subversión sobre la construcción, sobre la transmisión. 

NEP: Como investigadora de las representaciones sociales en torno a la situación de calle, cómo ves este habitar la noche, pasarla en la calle, justo hoy, un día de lluvia, de frío, digo este pasar la noche en la calle simbolizado de otra manera totalmente distinta a lo que se vive día a día en la capital.

Jorgelina: Lo llamativo es pensar en este uso que trastorna lo dado, y también ponerse a pensar que todas las noches hay mujeres que habitan el espacio público todas las noches de otro modo que no somos estas mujeres que estamos hoy acá porque tenemos otros recorridos, otras trayectorias y que lo habitan de otro modo, con otros padecimientos, incluso con otras sororidades porque una ve que en la calle hay sororidades y solidaridades diversas, y vínculos de mucho respeto, de encuentro y reconocimiento, aunque sea un modo mucho más oculto. Creo que lo que hay acá hoy es una visibilidad, una mística, un tomar la calle, que no es sólo propio del feminismo, sino de todo el arco de los movimientos populares, que hace ruido, que no se va, que está y que deja su marca. Creo que es eso una disputa por el espacio, y además en qué lugar, este no es cualquier lugar, esta vigilia es acá en el Congreso que tiene que ver con la exigibilidad de derechos, no es que estamos en cualquier lugar, es pensar que el estado se tiene que hacer cargo y que no están ahí para hacer lo que quieren y por eso estamos acá haciéndonos escuchar y mostrándonos incluso más allá del resultado y que son manifestaciones de mucha gente que pasan sin agresiones, ni momentos violentos o de conflictos. No es que esta masa hace que haya desbordes, hay un cuidado distinto, incluso en el cómo se llegó hoy a la marcha, como se fue gestando, llegás con un cuidado previo, de cómo ir, cómo andar, qué llevar, de cómo utilizar el celular, me parece que ahí hay mucho cuidado.      

NEP: Ayer escuche una frase muy potente “esto es irreversible” crees que finalmente esto es así?

Jorgelina: Yo creo que sí, no podés volver atrás, retroceder nunca, habrá luego anclajes en otras cosas, pero hay algo que logramos que es la despenalización social, no volvemos más a la clandestinidad en el sentido de ciertos temas en los cuales no nos van a poder callar, una soberanía del espacio, del cuerpo, del territorio, del deseo que no nos paran, no nos paran más…

Las palabras de Jorgelina son robustas y certeras emanan un calor abriga incluso en pleno temporal y con los pies mojados. Con esta lucha hicimos de todo pero por sobre todas las cosas vamos haciendo y deshaciendo escuelas, estamos aprendiendo colectivamente, estamos deformando las pedagogías, estamos trenzando nuevas formas de socialización, de creación de los saberes, incluso estamos pensando cuáles son los contenidos que vamos a aprender, quién los establece, de qué manera y por qué. Lo que está en juego es qué tipo de subjetividades se están gestando, y no sólo eso, estamos produciendo sus modos, generando nuevos mecanismos desde los cuales se van a ir construyendo nuestras subjetividades, ya no desde las pedagogías feroces y violentas que objetualizan y oprimen sino que desde las pedagogías feministas de las ternuras, las dignidades, las éticas, los acompañamientos. Estamos dejando de lado la socialización desde la competencia y el individualismo como modo de fundar nuestras experiencias de vida, de las estéticas de las servidumbres como valor supremo.

Sin lugar a dudas, con esta lucha aprendimos que las pedagogías que conocemos pueden estallar y que el feminismo tiene que ver profundamente con eso. Con ese estallido que se da a nivel generacional. Las pedagogías de la crueldad suponen imposiciones basadas en cuestiones etarias, de raza, de clase: múltiples. Las pedagogías de la crueldad se construyen en torno a relaciones que se establecen desde una lógica del poder y que se dirigen sobre una otredad para vejarla. Las pedagogías feministas suponen poner en cuestión esa opresión como punto de partida de toda relación con el mundo, para construir un aprendizaje conjunto. Ésta no es sólo la revolución de una generación sino que son todas las generaciones decantando, atravesadas por un momento histórico de diversas maneras, con diversas apropiaciones, con distintas potencias que conjugan una lucha histórica en un momento actual particular, en donde estamos aprendiendo de nuevo qué es aprender. Nos dijeron que divididas por edades y con una figura de autoridad fundada en un saber se aprendía, jamás nos dijeron que un Centro de Estudiantes podía gestionar saberes haciendo cumplir un derecho que el estado niega como lo es la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral, jamás nos dijeron que pibas reunidas en una plaza podían derribar mitos cocinados al calor de la cultura patriarcal con más fuerza que un huracán. No, no nos lo dijeron, lo estamos creando, se está dando, como mercó Jorgelina estamos ante un proceso que es producto a la vez, que es efectuación y efecto pero que también es una proyección de algo que desconocemos, pura potencia. 

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Salir de las clandestinidades

Fernanda se mueve de acá para allá intentando hacer entrar ese calor que emana el cuerpo colectivo en el propio mientras se define como trabajadora social, como escritora, como militante.    

NEP: ¿Qué es lo que te mueve a estar hoy acá?

Fernanda: Estoy acá porque me parece que somos parte de un movimiento que busca la ampliación de derechos no sólo para las mujeres sino que para los demás colectivos, creo que el movimiento feminista tiene eso, todas las luchas que va haciendo y que va ganando siempre implica la ampliación de derechos y que siempre tienen que ver con la salud pública, la justicia social, por eso creo que hay que estar acá, más allá de lo que pase en el Senado.

NEP: ¿En tu día a día cómo impacta esta lucha que lleva adelante el feminismo en todos los frentes?

Fernanda: Creo que el feminismo te da una identidad y que presenta una forma de luchar diferente a otros movimientos de los que también podes participar.

NEP: Siendo militante social asistís a muchas marchas, ¿sentís que las marchas feministas son distintas?

Fernanda: Si, muy, creo se vive una alegría tremenda, creo que la sororidad es eso, todas las mujeres unidas en una misma causa y aunque no te conozcas lo que sentís es que estas hermanada con todas las que están ahí afuera, y ahí toda esa alegría se hace potencia.

NEP: ¿Y de cara al futuro como ves a este movimiento?

Fernanda: Creo que antes que nada este es un movimiento que no retrocede y que tenemos que seguir construyendo me parece que faltan que otros feminismos puedan ser incluidos en el feminismo si es que existe, no creo que exista uno sólo sino que uno que incluya a todas, a todes, porque creo que si hay algo que falta aún es la inclusión de muchas más.

NEP: Desde tu rol de escritora, ¿cómo ves en rol de la palabra en esta lucha?

Fernanda: Creo que dentro del arte, la mujer ha sido bastante relegada si bien han existido cantidad de escritoras y artistas nunca fueron reconocidas, por eso creo que un primer paso, sacar de la clandestinidad a las mujeres que fueron muy importantes y que no fueran tomadas en cuenta. En lo artístico reside algo que es claramente político y transformador, y eso sucede porque quizá puede llegar a muchísima gente a la que quizá les conmueva más un poema o una pintura a que venga alguien y les explique qué es el feminismo desde una charla académica.

Creo que el arte guarda un poder tremendo y que hay que poder aprovecharlo, sacarlo de la academia, para ir a los barrios, llegar a las casa, llegar a todos lados.

Remata Fernanda y después de ésta charla si hay algo que nos queda es una tremenda y potente certeza a las clandestinidades no volvemos nunca más. Y como los poemas, que trazan relaciones estallando lo conocido, a la mente llegan dos clandestinidades, dos prohibiciones fundadas en la idea de Fernanda el arte es peligroso, y los colores ni te cuento.

El chaparrón jamás paró

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Y acá vamos en las digresiones del sentido pero con sentido. El 3 de septiembre de 1976, durante la última dictadura militar, mediante un decreto se prohibió el cuento de Beatriz Doumerc El pueblo que no quería ser gris el problema era que en el relato el pueblo marchaba hasta el castillo del rey, el pueblo se oponía a pintar todo de gris, y el rey se oponía a oír, a cambiar de idea, a dejar intentar imponer sus normas y mandaba a sus soldados a poner orden. Orden jamás logrado porque desde un pueblo vecino al ver tantos colores comenzaron a pintar el propio, el cuento entonces volvía a empezar cada vez que parecía que se había llegado al final. Metáforas peligrosas pero potentes, acá donde la lucha parece culminar para muchas lecturas para nosotras no cierra nada, no haber logrado ahora la legalización, la gratuidad, las condiciones de seguridad necesarias para poder abortar desde el ejercicio del derecho y no desde la penalización no nos hace pensar que ya está, que la derrota sucedió para siempre y ahora vamos a pintar la ciudad de gris y a sacar los pañuelos de nuestras cotidianeidades.

Un año después se prohíbe el cuento El año Verde de Elsa Borneman parte del libro Un Elefante Ocupa Mucho Espacio. Donde de nuevo: un rey sordo y la pasión por lo descolorido y de nuevo un pueblo que pinta y repinta, que colorea y que hace de la imposición un absurdo deseo.  En el cuento, ya casi al final y como si Elsa hubiese tenido bolas de cristal para vaticinar bellezas escribió: “La lluvia destiñe al pueblo y todo el verde cae al río y se lo lleva el mar, acaso para teñir otras costas… Pero ellos ya saben que ninguna lluvia será tan poderosa como para despintar el verde de sus corazones, definitivamente verdes. Bien verdes, como los años que –todos juntos—han de construir día por día". Y es que ¿cómo no prohibir estas narrativas dónde no hay ninguna princesa que friega y se realiza en el casamiento y tampoco está ese dulcísimo príncipe que hace todo bien y nos salva y triunfa y es un campeón matando dragones y nos besa estando dormidas?

Por eso, hay todo un mundo que sucede a cántaros en nuestros gritos, en nuestras palabras, en nuestras poesías, y es que nos agotamos de estar prohibidas, nos agotamos de que nos roben todo, hasta las palabras posibles, los modos de nombrarnos, hasta la palabra vida, que hablen en nombre de nosotras, que nos enseñen a recibir acosos callejeros y callar, nos agobiamos de tanto callarnos, de calmarnos, de tanta casa pintada de gris por dentro, por fuera. Nos expulsamos de la idea de mujer que se realiza únicamente a través de la maternidad y donde la tía solterona y sin hijos es el cúmulo de todas las derrotas. Nos agotamos de su lenguaje expulsivo, ese que nos aísla, nos niega, nos desaparece detrás de un falso genérico. Nos quieren obligar a seguir siendo parte de un sistema que no cierra sin explotación, sin vejaciones, sin violencia. Nos quieren obligar a parir. Nos quieren hacer que aceptemos y respetemos el modo en que se estructura esta idea de República. ¿Qué respeto se puede tener por leyes que fueron escritas incluso antes de que las mujeres puedan votar, hablar, ir a las universidades, divorciarse? ¿Por qué esperan que respetemos esas leyes que hablan por nosotras pero sin nosotras? A esas sorderas múltiples les decimos que seguimos llevándonos la mano a la boca pero ya no para taparla sino para gritar como las amazonas.

El chaparrón jamás paró y desde allá, desde ese reino lejano con cúpula verde, desde esa tierra de sorderas gruesas y lecturas jamás realizadas nos llegaban rumores de una derrota cada vez más nítida, pero igual seguíamos con los brillos y los bailes festejando un encuentro cada vez más grande, cada vez más visible, imparable, ser miles, ser innegables, ser reales, cuerpos posibles, verdes, naranjas, violetas, arcoíris con lluvia.

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