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No tienen vergüenza

Ambiente 09 de julio de 2017 Por
Una artículo a raíz de la fumigación con agrotóxicos en la Escuela EL Mate de Trenque Lauquen. Por Pablo Carabelli (Licenciado en Biología, especialista en Ambiente y patología ambiental, integrante del Grupo de Trabajo para la Salud Ambiental).
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El problema no es que haya niños expuestos a venenos. El problema es denunciarlo. El problema no es que alumnos de escuelas rurales deban “convivir” con las pulverizaciones de agrotóxicos. El problema es que alguien visibilice esa impiadosa convivencia. El problema no es que en el distrito de Trenque Lauquen haya, como en todos los distritos donde reinan los agronegocios, niños de entre 6 y 11 años incorporando todos los días pequeñas dosis de herbicidas, fungicidas e insecticidas. El problema son las maestras rurales que, como Marisa Covino, se animan a exponer esta problemática que de todas las maneras posibles el Poder (poder económico, poder real) busca tapar. El problema no es que se deba organizar una Campaña Nacional para que dejen de fumigar escuelas rurales. El problema es que sigan existiendo las escuelas rurales, porque dificultan el uso de volúmenes siempre crecientes de venenos. El problema no es que en el distrito de Trenque Lauquen los productos químicos sintéticos tengan siempre más resguardado su derecho a la comercialización que el derecho de las personas a gozar de un ambiente sano (como manda el artículo 41 de la Constitución Nacional y el artículo 28 de la Constitución de la provincia de Buenos Aires). El problema es que haya vecinos que se organizan para reclamar por ese derecho siempre violentado.

El drama de las escuelas rurales fumigadas (sin buena práctica agrícola que valga para evitarlo) marca la desvergüenza de las autoridades, que excusándose en un protocolo ideado para que nadie denuncie lo que pasa, intentan siempre “matar al mensajero” antes que atender al mensaje. Deberían preguntarse, estas autoridades, antes que nada: ¿Qué otro motivo que no sea la genuina preocupación por la salud de todos podría llevar a enfrentar un sistema todopoderoso que apaña la utilización de agrotóxicos? El hostigamiento hacia aquellos docentes que obran tratando de evitar la intoxicación de sus alumnos (y como recompensa reciben la obligación de firmar Actas que buscan su amedrentamiento) es un signo de los tiempos: los agronegocios basados en la destrucción de la biodiversidad son amos y señores de cualquier sitio donde haya suelo cultivable.

En este siglo XXI trastornado por la maximización de ganancias de unos pocos, las víctimas intoxicadas por crónica exposición (aún los niños en edad escolar) resultan “daños colaterales” en la guerra de las megaempresas químicas contra toda forma de vida con la que no puedan aumentar su rentabilidad. No podrán callar a las maestras rurales conscientes del riesgo que se corre por ir a la escuela en el campo. Tampoco podrán silenciar las denuncias practicadas a diario por millones de personas acerca del envenenamiento global, incluso con productos ya prohibidos en algunos países que se siguen usando por acá (como la atrazina, contaminante hallado en cada árbol de Trenque Lauquen que fue analizado). No podrán seguir llenándoselos bolsillos sin un regusto amargo, el de saberse señalados por afectar (aunque sea “sin querer queriendo”) el máximo bien comunitario, que es la salud pública. 

GIF REMERA CATALEJO

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