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Mala entraña

Especiales 29 de agosto de 2018 Por
Metáforas “berretas”. Conceptos pobres. Mala entraña. El macrismo desnuda día tras día sus miserias. Una nota de opinión de Pablo Carabelli para Diario NEP.
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Malas entrañas

Estoy convencido que, si hablamos de corrupción, el Presidente de la Nación y varios de sus colaboradores, cuando se investigue seriamente la cuestión pasarán a la Historia como dirigentes no menos corruptos que cualquiera que se haya vituperado como paradigma del que roba utilizando el poder transitorio que brinda tener la lapicera, para firmar resoluciones y decretos (es más, al igual que en la década del ‘90 del siglo pasado, funcionarios del Poder Ejecutivo nacional han desregulado todo lo posible para hacer negocios particulares, por lo cual Mauricio Macri será considerado el máximo responsable de un mecanismo de “puertas giratorias”, entre las corporaciones y el Estado, que facilita el actual sistema de saqueo de las riquezas del pueblo argentino con redistribución desde los muchos millones de abajo hacia los pocos miles de arriba).

Pero, yendo más allá de la corrupción, debemos expresar con claridad que lo peor que caracteriza a muchos integrantes y adherentes de Cambiemos es lo que podríamos denominar su “mala entraña”. Para muestra bastan un trío de botones muy recientes:

1) Alfredo Casero y su sketch sobre “el flan”: esa idea grotesca de que mientras el país se incendia por culpa de “la pesada herencia”, los “choriplaneros” piden flanes que no se les pueden otorgar. En realidad, no es que falte el flan en la República Argentina, pero ahora su consumo es exclusivo de Macri y compañía.

2) Los legisladores de Cambiemos, reunidos en la quinta de Olivos, cantando jocosamente: “Queremos flan, queremos flan”. Mientras tanto, muchos argentinos de a pie están pidiendo ganarse el pan con el sudor de su frente, pero no tienen oportunidad de transpirar en trabajo alguno.

3) El diputado nacional del PRO Waldo Wolff, que expresó: “El flan es Baradel, haciendo un paro porque explotó una garrafa”.

Mabel Zurita, esposa de Rubén Rodríguez, uno de los dos trabajadores de la educación asesinados por la desidia (en el marco de la “guerra contra los docentes” que encabeza María Eugenia Vidal) en la EP N° 49 de Moreno, le respondió a Wolff: “Es indescriptible como sentimiento lo que va pasando en este momento. No puedo creer este odio que va emanando de estos dirigentes que supuestamente representan al pueblo (porque fueron elegidos a través de las urnas). La verdad es que es muy triste. Nosotros en este momento nos encontramos acompañados por las comunidades, seguimos trabajando para las comunidades, porque estamos pensando actividades para cada uno de los niños; las mamás se acercan a la puerta de las escuelas, porque obviamente no pueden ingresar porque las escuelas no están aptas para el ingreso, entonces estamos trabajando en la puerta, en la vereda, entregando a cada una, recibiendo nuevamente las actividades que van realizando. Se están haciendo distintos encuentros, hay encuentros culturales que se hacen también en las comunidades, estamos cocinando en la calle, se hacen ollas populares, porque evidentemente también se han olvidado de los comedores de las escuelas, entonces los chicos no están recibiendo el alimento, es todo una cadena… todo una cadena, y estamos… estamos gracias al apoyo que nos damos unos a otros dentro de la docencia en el distrito de Moreno”.

Basta escuchar el tono sereno y las palabras mesuradas con las que habla Mabel, en una entrevista radial en la que responde al diputado, para calibrar la distancia (años-luz, sin exagerar) que media entre la calidad humana de esta mujer que quedó viuda por la negligencia del Estado provincial, y la de energúmenos como Wolff y Casero.

Metáforas “berretas”. Conceptos pobres. Mala entraña. El macrismo desnuda día tras día sus miserias, que parecen no tener fondo. Lástima que en el fondo del pozo no van a quedar los responsables de este desastre (herencia más pesada que una estrella de neutrones), sino la inmensa mayoría de los argentinos que intentan ganarse el pan, y el flan, con su fuerza de trabajo.

GIF REMERA CATALEJO

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