¿Alguien sabrá si hay cumbre para alzar las banderas?

Derechos Humanos 17 de julio de 2017 Por
A 39 años del secuestro y desaparición de Alicia Cabrera, un nuevo libro para la Biblioteca Popular Osvaldo Bayer, de la Comisión por los Derechos Humanos de Trenque Lauquen. El homenaje de Emilia Cabrera.
tia alicia262 (1)

¿Alguien sabrá si es tiempo todavía

de evitar el silencio?

Los pliegues del recuerdo acorazan pasillos

donde la voz rebota.

¿Alguien sabrá si es tiempo,

de encontrar la palabra nuevamente?

Si acallaron las mejores campanas

si perdimos los trinos

no logro reencontrarme, reencontrarlos

ellos portaban en su aliento

el más puro estandarte

venían por ideales con amor

¿Alguien sabrá si hay cumbre para alzar las banderas?

 

                                                               Susana de Iraola

Como en cada aniversario de sus familiares desaparecidas, Emilia Cabrera entregó "otra flor" a la Biblioteca Osvaldo Bayer de la Comisión por los Derechos Humanos de Trenque Lauquen en memoria y homenaje a Alicia Cabrera, secuestrada y desaparecida hace 39 años.

El libro pertenece a una editorial que es cooperativa y se llama "Huellas, voces y trazos de nuestra memoria", y contiene relatos e ilustraciones de hijos de desaparecidos.

El libro destinado a la Biblioteca Bayer y a sus lectores, es en memoria de  Alicia Cabrera, secuestrada por miembros de la dictadura cívico-militar el 21 de julio de 1978 en la ciudad de La Plata. Fue vista  con vida por sobrevivientes del horror en  los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio de personas La Cacha y El Vesubio, en este último,  hasta principios de septiembre de 1978. Permanece desaparecida.

Escribe Emilia Cabrera en su dedicatoria:

No sé si “hay cumbre para alzar las banderas” como inquiere la poeta, pero dejar “Huellas” en la Bayer es una forma de plantarlas y recuperar las voces de nuestros desaparecidos a través de las de sus hijos. Eugenia Azurmendi -una de esas hijas- en su historia indaga sobre el silencio penetrante que inunda su casa luego que los militares secuestran a sus padres, pero va más allá y se mete con el silencio que impregna a las familias destrozadas por el terrorismo de estado y a la sociedad toda, ese silencio del que “no quiere (o no puede) hablar”, y del que “no quiere (o puede) escuchar”.  Su relato -que da comienzo al libro- empieza, aunque suene paradójico, en silencio:  “(   ) ¿Así se escribe el silencio? ¿O ni siquiera puede escribirse?”, pero a lo largo del mismo y de las historias siguientes las páginas se llenan de voces, las de los hijos, abuelos, amigos y compañeros de sus padres, de la sociedad...

Éste es un pequeño y bello libro, conmovedor, escrito e ilustrado por hijos de desaparecidos, simplemente otra flor para la Bayer en memoria de Alicia Cabrera.

 

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