ace seis días que no se tienen noticias de Santiago Maldonado, el artesano de 28 años que fue visto por última vez cuando un centenar de efectivos de Gendarmería Nacional irrumpieron de manera violenta e ilegal en los terrenos de la Comunidad Mapuche Pu Lof de Cushamen, en Chubut, el martes pasado.

Desde el primer momento no hubo dudas de que Santiago había sido apresado por los gendarmes. “Entraron a la comunidad donde estaban chicos, mujeres y ellos entraron con balas de plomo, goma, a reprimir a la gente. Empezaron a disparar. Mi hermano, como todos los demás, corrió hacia el río. Unos que sabían nadar se tiraron al agua para escapar, pero él no sabía nadar por una experiencia que había tenido en Misiones en un río que casi se ahoga. Le tenía miedo al agua. Volvió hacia atrás y fue aprehendido. Testigos mapuches del lugar que lo vieron, nos dijeron los gendarmes lo empezaron a golpear, lo llevaron a una camioneta y de ahí no se sabe más nada”, relata su hermano Germán Maldonado.

(Foto: Alejandra Bartoliche).

Tanto el gobierno nacional como el provincial han permanecido en un ominoso silencio oficial, pese a que en el preciso momento en que se inició la represión el jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad de La Nación, Pablo Nocetti, estaba en Esquel para coordinar con el gobierno provincial de Mario Das Neves con el objetivo de “empezar a tomar intervención y detener a todos y cada uno de los miembros del RAM (Resistencia ancestral Mapuche)”.

Ayer, el Centro de Estudios Legales y Sociales pidió al Comité contra las Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas “una acción urgente para que el Estado argentino tome de manera inmediata todas las medidas necesarias para buscar y localizar a Santiago Maldonado”.

Mientras tanto, el gobierno nacional y la ministra Patricia Bullrich – como máximo responsable de Gendarmería y de su accionar – siguen sin decir palabra. Para la Casa Rosada, Santiago Maldonado no existe.

Y ese no reconocimiento de la existencia de Maldonado, que le quita toda entidad, devuelve de manera siniestra al presente la lógica de desaparición de personas del Terrorismo de Estado. Aquella que el dictador Videla definió con cínica imprecisión en 1979 ante una pregunta del periodista José Ignacio López: “Le diré que frente al desaparecido en tanto éste como tal, es una incógnita, mientras sea desaparecido no puede tener tratamiento especial, porque no tiene entidad. No está muerto ni vivo…está desaparecido”.

Desaparecido, esa palabra que por obra de la dictadura cívico militar argentina se dice en español en todos los países del mundo.

Santiago Maldonado está desaparecido.

Pero no desapareció mientras escalaba el Aconcagua o después de internarse en una selva. Desapareció durante una acción represiva del Estado perpetrada por una fuerza de seguridad que responde al gobierno nacional.

A casi 35 años de la recuperación de la democracia es necesario precisar los términos y la manera de formularlos.

Santiago Maldonado no está desaparecido.

Santiago Maldonado desapareció cuando se lo llevaron efectivos de Gendarmería.

Hasta que no se demuestre lo contrario, a Santiago Maldonado lo tiene desaparecido el Estado.