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Asesinada por obrera, anarquista y feminista

Géneros 11 de marzo de 2019 Por
Las mujeres resisten. Uno de los carneros, traído desde Avellaneda, Juan Romero, discute con Luisa. La mujer, de apenas 18 años, se le planta. Por respuesta recibe un tiro en la frente. Los panfletos que entregaban, llamando a la lucha, finalizaban: “Adelante compañeros y compañeras. A luchar hasta vencer aunque para ello debamos sufrir”.

Por Pepe Berra/ 

“A la huelga!!!”. Cansados de no tener aumento en los salarios durante cinco años, la Sociedad de Estibadores de Rosario, adherida a la anarcosindicalista FORA, llamó al paro. Cuando comenzaba a clarear en la mañana del 8 de mayo de 1928, el “Comité de Mujeres Portuarios”, compuesto por trabajadoras, hermanas y esposas de los obreros portuarios, estaba acompañando la lucha con un piquete en Pellegrini y Belgrano. El periódico La Protesta señalará: “Un caso raro por la magnitud y por la valentía de que han dado prueba esas mujeres en la propaganda cotidiana a favor de la huelga” que ya llevaba varios días. Los panfletos que entregaban, llamando a la lucha, finalizaban: “Adelante compañeros y compañeras. A luchar hasta vencer aunque para ello debamos sufrir”.


Rosa Valdez y Luisa Lallana eran dos trabajadoras de la empresa Mancini que cosían bolsas donde se guardaban los cereales para la exportación. Esa mañana estaban repartiendo los volantes. Luisa tenía a sus hermanos en el conflicto. Un grupo de rompehuelgas de La Patronal –nombre que había adoptado la Liga Patriótica Argentina-, al mando de un tal Tiberio Podestá, las dispersa a sablazos. Las mujeres resisten. Uno de los carneros, traído desde Avellaneda, Juan Romero, discute con Luisa. La mujer, de apenas 18 años, se le planta. Por respuesta recibe un tiro en la frente. El asesino se escudará en la “obediencia debida”, señalando que Podestá le dijo: “Matalas que yo respondo”.

La indignación cunde entre los trabajadores y en la sociedad rosarina. Al día siguiente se lanza la huelga general, mientras miles de obreras y obreros acompañan el cortejo fúnebre de Luisa hasta el cementerio de La Piedad. Hay bronca y hay represión. La huelga portuaria seguirá durante varias semanas. Se plegarán los puertos de General San Martín y Santa Fe. Hasta llegará a solidarizarse el puerto de Buenos Aires. La lucha tendrá en total once trabajadores muertos, de ambos bandos. Las cerealeras finalmente ceden y aumentan un peso el jornal. Casualmente, será Bunge y Born la última en dar el brazo a torcer.


En la cárcel, el sicario Romero conocerá un poco de la justicia intramuros. Los presos se encargarán de darle una furibunda paliza y con el mango afilado de una cuchara le dejarán la marca de su ignominia en la mejilla. 


Los diarios de la provincia se ocupan en la primera plana de la asunción del nuevo gobernador, Pedro Gómez Cello y de la renuncia del intendente de Rosario, Leónidas Loza, abogando para que se reestructuren las áreas municipales, poniendo a modo de ejemplo a la “Inspección General, una rama donde impera la coima en forma descarada”. También hablan de la visita de un equipo de fútbol profesional escocés, Mortherwele, que cae vencido ante el combinado amateur de Buenos Aires. Poco cuentan del conflicto.


Un mes y unos días después del vil asesinato, la señora Celia de la Serna paraba en la ciudad de Rosario para dar a luz a su hijo Ernesto, al que el mundo conocerá como el Che. El 11 de noviembre de ese año, en las elecciones municipales y como producto de la entrada en vigencia de la reforma de los estatutos municipales en la provincia, se permite el voto de extranjeros y mujeres “aunque no fueran grandes contribuyentes”. Había restricciones, los extranjeros debían ser contribuyentes, casados con una nativa o tener hijos argentinos. Para las mujeres, que fueran mayores de 22 años y que poseyeran títulos universitarios, las profesoras normales nacionales de segunda enseñanza y las que pagaran impuestos a su nombre en comercios honestos. No obstante, ni la prensa, ni los partidos políticos le dedicaron su interés; tampoco las propias mujeres se sintieron convocadas a empadronarse para la emisión del sufragio.


Casi en el olvido de ese año 1928, Luisa Lallana, trabajadora apenas saliendo de la adolescencia, afiliada a la FORA, será la primera mártir mujer del movimiento obrero en la ciudad de Rosario. Nada más y nada menos.

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