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“No nací para pedir permiso”

Géneros 18 de marzo de 2019 Por
“Yo me siento una chica no un chico” le dijo a los 15 años a su madre en una plaza de Trenque Lauquen, con esa potencia y seguridad construye su vida día a día y así lo relata. En un contexto donde paradigmas retrógrados y biologicistas buscan sin éxito hacer del feminismo una serie de exclusiones absurdas, conocer historias como la de Sandra se torna una necesidad.
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Por Lila Magrotti Messa

Fotos: Javier Tiseira

Sandra encandila, me faltaba media cuadra para llegar a su casa y todo se iba transformando, ella me esperaba parada en la puerta, vestido corto de los colores más vivos que pueden existir. En la boca: pucho y sonrisa. Si de lejos encandila, de cerca y entre mates ilumina, arde, es puro fuego y ganas de vivir, pero no de cualquier manera, no siguiendo lo que dijeron que se debía hacer y cómo debíamos hacerlo.

NEP: Vos te quedaste en Trenque Lauquen y viviste acá todo lo que fuiste sintiendo…

Sandra: Sí, me quedé acá, no es que no haya conocido otras ciudades grandes que me hayan llamado la atención, y me gustan, pero me gustan por un tiempo. Cuando estás en ciudades grandes te gusta porque todo es nuevo, porque la gente no te conoce, y conocés gente, pero llega un momento donde la prioridad es lo tuyo y querés volver, y ya cuando volvés es como que decís ahora si estoy en lo mío, en mí lugar. Y acá nomás me quedé. Lo que sí tuve una madre ejemplar, porque ella me apoyó en todo desde el momento en que le comenté mi situación, porque se lo dije teniendo 15 años. Si bien lo que le decía la sorprendía, creo que la ayudó, le abrió un poquito más la cabeza, y lo primero que me preguntó mi mamá en el momento en el que le planteo cómo quiero mi vida, cómo me siento, fue algo que le salió de adentro a ella, me dijo: “¿alguna vez pensaste en quitarte la vida?” la miré y le dije “ni loca, porque esa no es mi intención, mi intención es vivir, pero vivir a mi manera y no porque sea distinta eso quiere decir que no puedo encajar en la sociedad”. Siempre lo vi así, yo no tenía que encajar en la sociedad, la sociedad era la que tenía que encajar conmigo ¿por qué debería ser yo la que se tiene que adaptar? Si ellos no viven conmigo, no me dan lo que tengo, qué le debés a la sociedad para andar ocultándote o decir “me interesa lo que piensan”. No les debo nada, sí a mi mamá que le debo la vida, pero ella lo entendió, asique lo demás para mí no contaba y más cuando una es adolescente, es joven, se lleva el mundo por delante. Yo lo viví natural, porque lo viví como yo lo quería.

NEP: ¿y cómo fue la infancia?

Sandra: tuve una infancia linda, porque pude jugar, jugué a mi manera, pero jugué, no te voy a decir que tenía un pilón de amigos, pero con los pocos que tenía me sentía bien. Si bien jugaba mucho tiempo sola en casa, pero lo que yo decía amigos era en la escuela. Fui a un colegio privado, mirá que mala suerte la mía… la diferencia estaba bien marcada, había un patio para varones y un patio para mujeres y en esa escuela yo tenía amigas pero eran mujeres, no tenía ningún amigo varón. Mis recreos eran sentarme en el mástil, pero sabía que después iba a reencontrarme con mis amigas en la escuela, a jugar a su casa, también estaba en el grupo teatral de la escuela, eso me daba la posibilidad de tener contacto con chicos no sólo de mi edad sino más grandes, se vivía un clima muy agradable porque no había distinción de sexo, ahí éramos todos iguales.

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NEP: Después llegó el momento, como contabas, de decírselo a tu mamá…

Sandra: En ese momento, Trenque Lauquen era un pueblo todavía, hoy es una ciudad, pero en esos tiempos era chiquito. Y siempre hay una lengua larga, sentí la necesidad de decírselo yo antes de que se lo cuente otra persona. Porque yo salía, era de escaparme, porque sino mi mamá no me dejaba salir, me iba a las tres de la tarde y no volvía hasta las seis de la mañana. Si no me escapaba por la ventana cuando ella dormía y volvía antes de que se levante. Como ya había gente que me veía, y eso es inevitable, acá salís y te ves con un chico y se sabe, entonces sentí esa necesidad de decírselo. La invité a caminar una noche, yo planeaba una caminata larga pero fue corta hicimos una cuadra y llegamos a una plaza y nos sentamos y ahí nos pusimos a charlar.

NEP: ¿recordás qué palabras usaste, cómo le dijste?

Sandra: Lo primero que le dije fue que no esperara un nieto de parte mía, al menos de sangre, porque a mí no me gustan las mujeres, y se me quedó mirando con esos ojos grandotes que tenía mi mamá, se quedó así un rato, sólo mirándome. Y le dije “así como lo escuchás, yo quiero otra cosa para mí. Yo sé que vos sabés muy bien de que sexo me pariste pero yo no me siento así” yo creo que en ese momento mi mamá se ahogó con las palabras, con la saliva, con todo, pero me entendió, entonces me pidió que le cuente qué era lo que yo quería para mi vida. Le dije que “yo me siento una chica no un chico, pero tranquila que por el momento te voy a hacer caso en lo que vos me digas. Cuando tenga mi mayoría de edad voy a cambiar”. Ella se quedó con eso de que yo iba a cambiar. En el momento en que cumplí los 18 años ya estaba trabajando en el Municipio, ellos se habían retrasado con un sueldo,  entonces cobré dos sueldos juntos, me vine a mi placar y saqué todo lo que tenía y le dije a mi madre “tomá esto regalalo a quien vos quieras y acompañarme que vamos a ir a hacer unas compras” no sé qué se habrá imaginado ella en su cabeza porque cuando llegamos a la tienda entramos y yo entro a mirar y a mirar, y claro, no es una tienda que tenga ropa masculina. Entonces empecé a juntar ropa, iba mirando e iba poniendo arriba del mostrador. Entonces tanta ropa que agarre me mira y me llama a un costadito y me dice “¿y esta ropa?”, “esta ropa es la que yo quiero mami”, y en ese momento me dice “no” y yo le digo “no nada, yo te dije que te iba a respetar en todo lo que vos quisieras mientras yo sea menor, ahora soy mayor, no te estoy pidiendo permiso, es lo que voy a hacer, es lo que quiero para mi vida. Y yo no nací para pedir permiso”. No le quedó, quedó ahí pensativa mientras yo seguía agarrando la ropa que me quería llevar. En el trayecto de las compras terminamos en la tienda de calzado y ya ahí fue distinto porque ella ya sabía lo que yo iba a buscar.

NEP: ¿cómo te sentiste en las tiendas en las que compraste?

Sandra: muy bien, porque me trataron muy bien, sigo siendo clienta de esa tienda de ropa. La de calzado no porque ya no existe pero muy bien, porque yo no buscaba una chatita, yo me fui de una a los stiletto.

NEP: ¿y cómo fue ir al trabajo con la nueva ropa?

Sandra: En mi trabajo sabían de mi condición, cuando empecé a trabajar en el Municipio me tomaron un poquito antes de cumplir los 18. Al principio barrí un tiempo las calles, y así fui pasando de lugar a lugar. Como en aquellos tiempos se trabajaba por plan vos pasabas de lugar a lugar después te ofrecían otro y después te contrataban. Después me ofrecieron trabajar en el Cementerio y estuve ahí un tiempo. Luego, me ofrecen trabajo en el Prolim. Yo sabía de la existencia del Prolim pero lo que no sabía era cómo funcionaba. Fui y me encuentro con que trabajaban todos hombres, entonces entré con un poco de miedo, esperaba algunas burlas. Empecé a trabajar ahí en la parte del vivero, armando tierras para abono, trabajaba de 6 de la tarde a 12 de la noche. Yo sabía que además de eso se reciclaba. Entonces un día no me vuelvo enseguida a mi casa y entro a ese galpón y me pongo a charlar con el capataz, que era el mismo capataz que tenía yo, me preguntó si me gustaría trabajar ahí, me dijo “ya dejarías de zarandear tierra, yo te pido para que estés adentro, en el galpón” le dije que me deje ver cómo era el trabajo y le decía, al día siguiente me encontré con 30 personas trabajando, todos hombres, ese día me pegué a mi capataz para que me explique. Más allá de todos mis miedos, me recibieron bien, compartieron mates conmigo en su momento de descanso y Marcelo, mi capataz, les dice que me va a incorporar para trabajar ahí y ellos responden que ningún problema que sólo que “les llamaba la atención mi rostro y forma de vestir” porque yo ya estaba cerca de lo que era mi transición y me dijeron que no lo podían creer “que era la primera vez que veían una chica así”. Incluso dudaban de cómo llamarme, si por el femenino o el masculino, es más… en el legajo de la Municipalidad de ese momento yo tenía nombre masculino porque no existía la identidad, no tenía el documento que hoy tengo. Ellos se acostumbraron a llamarme por mi nombre, cosa que a mí no me molestaba, era algo tan natural, si bien yo ya tenía un nombre femenino que a mí me gustaba, pero si se sentían bien con el otro en ese momento no me ponía mal. Empecé a ser como la protegida del lugar y fui haciendo nuevos amigos. Como en todos lados, estaban quienes me discriminaban pero yo no les llevaba el apunte. Y así estuve 9 años, dejé de trabajar ahí cuando me di cuenta que era el trabajo o era mi cuerpo, porque estaba muy musculosa, muy fibrosa y no me gustaba, ya lo que veía en el espejo no me gustaba. Al levantar peso el cuerpo me cambiaba, en ese momento yo no hacía ningún tratamiento hormonal, no se conocía y si se conocía era muy caro. Pedí un cambio, que me pasen a algún lugar para limpieza, hacer un trabajo que no sea tan de hacer fuerza pero me dijeron que no podían porque no había lugar.

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NEP: ¿en ese momento ya habías hecho tu transición?

Sandra: Estando ahí adentro lo primero que me hice fueron las lolas. Entonces me conocieron sin y con, vivieron un poco mi transición. Pero al final el trabajo que me gustaba se tornó un martirio porque yo no quería hacer trabajo de hombre, porque no me sentía así. Al tiempo entraron mujeres pero no hacían el trabajo que yo hacía, ahí se dividían las labores y me pareció que no tenía que ser así porque conmigo no lo habían hecho. Esa diferencia hizo que definitivamente no quiera ir más. Porque cualquier mujer puede hacer el trabajo que yo hacía. Me venían a buscar a mí para que les levante cosas pesadas, no me veían como a una par, me trataban distinto, de parte de ellas sí que sentí mucha discriminación.  Al poco tiempo muere mi mamá de un aneurisma, yo trabajaba en un lugar así para ayudarla a ella, y pensé “ya no está, para qué me importa volver si puedo vivir de cualquier otra cosa”. Me costó mucho encontrar otro trabajo. Ejercí la prostitución en ciudades grandes y en Trenque Lauquen sólo me manejé con muy poca gente y por teléfono, por un tiempo pude sobrevivir de eso, hasta que empecé a trabajar con abuelos en un geriátrico. Eso fue a mis 28 años. Ese trabajo me gustó y lo hice hasta hace muy poco tiempo, cuando entré a trabajar en el Cumen. Trabajé en muchos geriátricos, aprendí muchísimo, desde muy chica conocía ese ámbito porque mi mamá trabajaba en geriátricos y yo estaba ahí ayudándola a ella. Ahí haces un poco de cada cosa porque cocinás, contenés, limpiás, haces un poco de todo.

NEP: escuchás chistes…

Sandra: Si claro, escuchas chistes y muchas anécdotas. Hasta que me vuelvo a quedar sin trabajo por querer terminar el secundario, eso fue a los 35 años.

NEP: ¿en la escuela nocturna?

Sandra: Sí, en la Escuela Media 6, que ya no funciona con ese nombre ahora. En ese momento trabajaba con una sola abuela a la mañana, lo mismo que hacía en el geriátrico pero con ella sola en su casa. Lo que me pasó es que no me alcanzaba con la plata que ganaba ahí, la pilotié un poco con lo que es peluquería, maquillaje, depilación. Hasta que conseguí trabajo en otro geriátrico en el que empecé en el turno de la noche, ya estando en tercero casi terminando el secundario y se me complicaba con el estudio porque al trabajar de noche, yo entraba a las 10.30 de la noche y salía a las 7 de la mañana y se me complicaba porque mi patrona no me permitía cambiar un poco el horario. Yo tenía que salir de la escuela 23.30, el primer cuatrimestre lo hice así, pero me di cuenta que había materias que me quedaban enteras colgadas. Entonces le expliqué a mi patrona, le pedí de entrar más tarde o hacer un cambio de horario o hacerlo en dos horarios que sean rotativos. Ella me dijo que yo sabía que me había contratado para la noche, me resultaba un poco raro que solo me deje de noche porque otras chicas si podían rotar. Entonces entendí que quería tenerme sólo de noche por los familiares creo yo, para que no me vieran. No me quedó otra que decirle que a mí me servía más el estudio y que se busque a otra empleada. Entonces otra vez estaba sin trabajo, sin nada. Yo tenía trato con una trabajadora social del hospital que me daba mi medicación, las hormonas y todo eso que el municipio se encargaba de comprar. Un día charlando con ella cuando le llevé la receta le pregunté si no me podía conseguir algún puesto. Ella me dijo que estaba difícil, esto fue en el 2017, y yo le dije que para ella iba a ser más fácil que para mí. Le sumé que si tenía trabajo iba a poder comprarme la medicación sin problemas ni pasar por esos momentos donde se atrasaba porque faltaba la firma del intendente o porque estaban recortando gastos en medicamentos. Pedí trabajo ahí mismo en el hospital y la preocupación de ellos era darme trabajo y que justo me llamen para mi turno en la operación de cambio se sexo, porque yo estaba en la lista de espera. Me llama una Trabajadora Social y me hizo el contacto para que pudiera entrar en el Cumen Che. Lo primero que dije es que no entendía nada de discapacidad, y me dijeron que no me haga problema, que iba a ingresar como auxiliar de limpieza pero que iba a tener que estar con ellos para llevarlos al médico o a pasear. Al principio me aburría porque como había enfermeras no hacía lo mismo que en el geriátrico. Sólo me tocaba la tarea de limpieza, se me terminaba el trabajo muy rápido, porque soy muy rápida para limpiar. Entonces la coordinadora me dijo “cuando no tengas nada para hacer acércate a los chicos”, entonces le hice caso, y en el tiempo que estuve canté con ellos, bailamos, hicimos mucho karaoke. Este año empiezo la carrera de enfermería, haciendo el secundario descubrí que me gusta la carrera de leyes. Cuando terminé tenía pensado seguir y hacer abogacía pero después me di cuenta que no iba a poder hacer la carrera de abogacía con el trabajo que hago porque demanda mucho tiempo, y lo tendría que hacer en Santa Rosa. Trabajo 8 horas y cuando salgo, salgo muy agotada y muchas veces no me da el tiempo porque tengo horarios rotativos. Entonces me mentalicé en hacer lo que puedo, voy a hacer la carrera de enfermería.

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Sandra dejó de ser un nombre en lista de espera cuando la llamaron para confirmarle que el 8 de mayo del 2018 tenía fecha para realizarse la operación de cambio de sexo. En su trabajo la felicitaron y le dieron todo el acompañamiento que necesitó, y recibió la incondicional ayuda de las trabajadoras del Hospital de Trenque Lauquen Marcela Amigo, Colo Tavoloni, Silvina Vidal y Lorena Matheus. Viajó sola a La Plata, sola pero con sus miles de temores y preguntas. La internaron unos días antes en una habitación que compartió con Mario, un señor de 80 años que había nacido con genitales femeninos pero que toda su vida se reconoció como varón, él le dijo a Sandra “si me voy a morir quiero morirme como yo me siento”. A él lo operaron primero, lo acompañaba Micael un joven chico trans que además cuidó a Sandra como si fuera su hermana. La atajó de cada momento de soledad. Sandra se recorría el Hospital, bajaba y subía las escaleras buscando el patio, fumaba, pensaba, esperaba su turno. Finalmente el quirófano estaba preparado para ella, cuando se despertó tenía una sonda y no sentía mucho sus piernas, quería verse ya. Los médicos la paraban, Micael la tranquilizaba, ella solo quería saber que había ahora y poder volver a andar normalmente. Se recuperó más rápido que otras pacientes y antes que pudieran atraparla estaba de nuevo en las escaleras. Si hay algo en Sandra que se transmite muy bien es su potencia, su fuego, su motor, su lucidez y su ansiedad. Volvió a Trenque Lauquen siendo otra pero al mismo tiempo la de siempre. Sandra relata la importancia de un derecho que ampare la diversidad de trayectorias posibles, sin una ley que haga que el Estado reconozca otras identidades la realidad se torna cada vez más opresora. Sandra sabe que su operación tardó más de lo esperado porque desde el año 2015 el presupuesto destinado a lo que era el Ministerio de Salud fue cercenado, obligando a cumplir principalmente con las operaciones “de urgencia”. Necesitamos habitar otras realidades donde conocer trayectorias como la de Sandra no hable de una visibilización necesaria de lo oculto. No le pidamos más permiso a las normalizaciones absurdas, a los parámetros sociales, a los sentidos comunes. Dejemos a las opresiones sin efecto y hagamos la de Sandra, vivir como lo sentimos.

GIF REMERA CATALEJO

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