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El día que casi bombardean Rosario

Especiales 06 de abril de 2019 Por
El encargado de negocios británico pide que la cañonera Beacon, establecida en el puerto de Montevideo se traslade hasta las costas rosarinas, siguiendo los consejos del doctor Manuel Quintana, quien prefirió licenciarse como senador para seguir custodiando los intereses de la corona.

Por José Luis Berra/ Periodista. 

“You must bomb Rosario”. El hombre, en un perfecto inglés, sorprendió a los presentes, encabezados por Mr. Drabble, el director. Se miraron conformes. Quién proponía bombardear la ciudad de Rosario no era un ciudadano de la corona sino un argentino, senador nacional y asesor legal del Banco de Londres y Río de la Plata. Al hombre, Manuel Quintana, le quedaba de perillas estar de los dos lados del mostrador. Inglaterra estaba a punto de declararle la guerra a Rosario.


Su Majestad iba por los cinco continentes desplegando su política imperial para garantizar sus intereses y los de sus súbditos. Por un lado, tendían y controlaban la red ferroviaria que les permitía llevarse la materia prima y, por otro, endeudaban a los países con empréstitos usurarios y fraudulentos. Si esos mecanismos persuasivos no funcionaban, pues entonces quedaba la fuerza para hacer entrar en sus razones.


Esta historia comienza cuando en 1863, la banca inglesa se establece en la Argentina. Cuatro años después abre una sucursal en Rosario, ciudad portuaria y nudo ferroviario. Era el único banco en la provincia. La legislatura santafesina le da, además la prerrogativa de emitir papel moneda.


El gobernador Servando Bayo, en 1874, decide crear el Banco de la provincia de Santa Fe como instrumento financiero para afrontar la crisis y manejar el crédito. Una medida odiosa para la banca de Londres que, un año después, intenta ahogar financieramente a la flamante institución provincial.


La respuesta del gobernador no se hace esperar. Se formulan leyes que buscan acotar el poder de los ingleses. Les pone impuestos a los movimientos bancarios, les obliga a respaldar en oro la emisión de billetes y decide que sea la banca provincial la única autorizada para la fabricación de moneda, aunque los piratas hacen caso omiso a las disposiciones legales. Finalmente, el 19 de mayo de 1876, Servando Bayo emite un decreto donde expresa: “La sociedad anónima denominada Banco de Londres y Río de La Plata se ha convertido en una institución ruinosa a los intereses públicos, hostil y peligrosa en las actuales circunstancias” y dispone el cierre de la sucursal y la detención del gerente, el alemán Behn. El conflicto estaba desatado.


El encargado de negocios británico pide que la cañonera Beacon, establecida en el puerto de Montevideo se traslade hasta las costas rosarinas, siguiendo los consejos del doctor Quintana, quien prefirió licenciarse como senador para seguir custodiando los intereses de la corona.

Quintana, el cónsul y un representante de la banca de Londres se reúnen con el canciller Bernardo de Irigoyen, donde el cipayo connacional le desliza la amenaza de un bombardeo sobre Rosario si no se daba marcha atrás con las medidas adoptadas. El ministro de Relaciones Exteriores lo echa a Quintana de la reunión ya que no aceptaba “a un argentino como portavoz de una intimidación extranjera” y, por otro lado, desarma el argumento inglés al indicar que “una persona jurídica (el banco) debe exclusivamente su existencia a la ley del país que la autoriza y por consiguiente no son ni nacionales ni extranjeras y no tienen derecho a la protección diplomática”.


El conflicto siguió un tiempo más. Un nuevo gobernador, de familia patricia, Simón de Iriondo fue mucho más permeable a los negocios británicos. El banco de Londres siguió operando aunque sin la posibilidad de emisión de billetes y don Manuel Quintana, del partido mitrista, pasó dos largos años vacacionando en Europa, concluyendo su carrera política como presidente de la nación, en 1904. 


En la zona sur de Rosario, una calle lleva el nombre de Presidente Quintana, el mismo que operaba contra los intereses de la provincia y que quiso cañonear a la ciudad. A lo lejos, suena Lito Nebbia: Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia, quien quiera oir que oiga.

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