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Por qué el juicio de Cristina está destinado al fracaso

Información General 23 de mayo de 2019 Por
En fin, se trata de indicadores que indican, como en la vida cotidiana, que cuando es necesario explicar tanto es porque la credibilidad es casi nula.
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Por Catalina de Elía (Editora de Judiciales de https://www.a24.com/) 

La fotografía que retrata la audiencia que empezó ayer en el Tribunal Oral Federal N° 2 no sólo condensa más de una década de nuestra vida pública, sino que refleja la tensión entre la fuerza de los hechos y las interpretaciones que alrededor de ellos tejen las ideologías “fuertes”, que son el germen de la grieta.

A través de ellas, se pretende tratar de modo “científico” un “objeto”. El “objeto” serían los hechos sometidos a juicio. Esa forma de aproximarse al juicio aspira a que el proceso penal se “adapte” a esa “idea científica”. El resultado es previsible, porque todos de antemano tienen conclusión que el juicio “científico” debería confirmar. Por lo tanto, esos prejuicios transforman al juicio en una teatralización inscripta previamente en sus mentes.

La idea del juicio, en cambio, supone exactamente lo contrario porque se despliega bajo la idea de un debate en el que se enfrentan miradas sobre los hechos, pruebas, interpretaciones y un montón de matices a la luz del Código Penal. Ello requiere, inexorablemente, una apertura espiritual que es incompatible con la concepción previa de tratar los hechos “científicamente”.

En ese escenario, aún cuando el juicio a Cristina sea el más recto de la historia, está destinado al fracaso porque que los actores concurren a él no para debatir, sino para confirmar ideas preconcebidas.

Intento remarcar que sin el compromiso de jueces, fiscales, abogados y comentaristas el juicio es un juego imposible porque nadie está dispuesto a dejarse convencer por la fuerza de los hechos, puesto que están encerrados en sus propias interpretaciones.

Si ese punto de partida no cambia, el martes pasado empezamos a desechar otra oportunidad de ensayar el experimento de aceptar y de practicar la vida política organizada en base a derechos.

Pero el debate del medioambiente judicial pasa por otro lado.

Muchas voces de la justicia polemizan con el flamante candidato a la presidencia Alberto Fernández, quien afirma que en el futuro habrá que revisar las acciones de algunos magistrados. Más allá del impacto real de esas declaraciones y de su pertinencia, no deja de llamar la atención la “resistencia selectiva” de algunas voces a las críticas en el espacio público.

Los integrantes de la justicia callaron o hablaron menos de lo necesario, antes y ahora, sobre hechos muchos más graves que van de los ataques al Fiscal José María Campagnoli hasta el caso D’Alessio, pasando por las causas inventadas contra funcionarios judiciales, los traslados de jueces o los tejes y manejes de los concursos para cubrir vacantes claves en la estructura judicial.

Son precisamente esas situaciones las fuentes de descreimiento ciudadano sobre el aparato judicial.

Los jueces y fiscales deberían reaccionar colectivamente frente a indicadores tan poderosos como los de la semana pasada, cuando el simple pedido del expediente del juicio de la “Obra Pública” causó una conmoción ciudadana que mostró algunas singularidades que se explican solamente por la baja credibilidad de la justicia.

Recordemos que el Procurador General Eduardo Casal le pidió a la Corte Suprema que no suspenda un juicio que, desde la perspectiva de la ley, la Corte no podía suspender. La Corte tuvo que emitir un comunicado explicando su decisión con tanto apuro que se coló un borrador. El juez Jorge Gorini que preside el juicio, inauguró una práctica saludable de explicar al gran público que estaba pasando.

En fin, se trata de indicadores que indican, como en la vida cotidiana, que cuando es necesario explicar tanto es porque la credibilidad es casi nula.

Fuente: https://www.a24.com/ 
 

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