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El hincha más loco que se hizo famoso por evitar un gol

Especiales 29 de mayo de 2019 Por
Un boquete abierto en el alambrado permitió ingresar al césped al Turco y al Alemán. La intención era decirle unas cuántas cosas al referí Aurelio Bossolino, hastiados por su reiterada dudosa imparcialidad en los fallos. Pero el destino también gambetea y quiso que, a los 40 minutos con 39 segundos de ese período final, la historia diera un vuelco eterno en la vida del Turco Orlando Espip.
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Por José Luis "pepe" Berra/ Escritor y periodista. 


Lo conocí muchos años después. Asado y vino de por medio, como merecía la ocasión, en el Club Defensores Unidos, en el barrio Ludueña. Curiosamente, el encuentro fue gracias a un leproso, Rai, que en ese entonces estaba dándole una mano al club del barrio. Lo habrá contado otras muchas veces en cada encuentro con amigos o desconocidos, pero se lo preguntamos una vez más.


Fue en 1967, más precisamente el miércoles 18 de octubre, año que se estrenaba una nueva modalidad del fútbol argentino, los campeonatos nacionales con la participación de equipos de las provincias que no competían en los torneos de AFA. Ese día, con mis 10 años, estaba en la vieja cancha de Central.


El partido fue muy raro, de entrada nomás. Central venía de ganar los cinco encuentros disputados y le atribuían esas victorias a una cábala: siempre salían a la cancha después del rival. Pero ese día, los mendocinos de San Martín no quisieron saber nada con pisar el césped primero. No hubo manera de convencerlos. Tanta fue la bronca de los jugadores canallas que le rechazaron el vino de obsequio que traían los cuyanos.


El partido fue duro y al final del primer tiempo ganaban los visitantes con gol de Valencia. Al inicio del segundo, empata Gennoni pero al promediar la etapa, otra vez Valencia pone en ventaja a los mendocinos. Mientras en la cancha el partido se hacía cada vez más áspero con un polémico arbitraje, en la tribuna de atrás del arco que da a Regatas también se iban pergeñando los acontecimientos futuros.


Un boquete abierto en el alambrado permitió ingresar al césped al Turco y al Alemán. La intención era decirle unas cuántas cosas al referí Aurelio Bossolino, hastiados por su reiterada dudosa imparcialidad en los fallos. Pero el destino también gambetea y quiso que, a los 40 minutos con 39 segundos de ese período final, la historia diera un vuelco eterno en la vida del Turco Orlando Espip.


Con Central tirado al ataque en busca del empate, un rechazo largo lo encontró absolutamente solo a Valencia que, desde su propio campo, encaró directo hacia Andrada sin defensores a la vista. Pasados unos diez metros la mitad de cancha y viendo que nuestro guardavalla salía desesperado, se la tiró por encima. Mansamente la pelota iba en busca de la red.


El azar cruzaría, justo en ese momento, dos destinos: la pelota al gol y dos hinchas que ingresan al área chica. El Alemán, aturdido, la deja pasar (dicen que Andrada y Pascuttini le pedían a gritos que no se metan), pero desde atrás, elegantemente empujado por los duendes que habitan en Arroyito, el Turco estira la pierna, para la pelota y avanza unos metros para dejársela mansita al Flaco Bautista que venía retrocediendo.


Una vez evitado el gol, el Turco siguió con su cometido. Se acercó a Bossolino y le dijo: “El arbitraje es pésimo, usted nos está perjudicando”, seguramente en un tono y con palabras mucho menos amables. No pudo decirle más, por el rabillo del ojo veía como se le venían corriendo los policías. Emprendió la retirada por el mismo lugar donde vino, con la satisfacción de haber jugado, por unos 10 segundos, para el equipo de sus amores.


Gases para la tribuna. Bote a tierra en la cancha y unos minutos más de alargue. Si hasta casi lo empata Poy desde afuera del área. El Turco se ríe: “Medio empate hubiera sido mío”, dice años después.


El Turco rememora, una y mil veces ese instante, cuando iba a recriminarle al árbitro, vio esa pelota que estaba por trasponer la línea de gol y su sentimiento canalla pudo más que los gritos de los propios jugadores. “Me tenté”, solamente dirá el hincha más loco que se hizo famoso por evitar un gol.



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