Encarnando el Nunca Más

Derechos Humanos 08 de enero de 2018 Por
El reclamo de cárcel común a los genocidas estuvo presente en Trenque Lauquen. Un artículo de la Comisión por los Derechos Humanos local.
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Los que hablaron ayer en la Plaza San Martín de Trenque Lauquen pertenecen a distintas generaciones. La oradora más joven (docente sumamente querida por sus alumnos) probablemente haya nacido junto con la recuperación de la democracia; ella se preguntó cómo hablar de Justicia y equidad en las aulas si se otorgan beneficios a delincuentes que ofendieron con sus crímenes aberrantes a toda la humanidad. El orador de edad intermedia, también docente, era niño cuando empezó la última dictadura cívico-clerical-militar y adolescente cuando terminó, y aunque no tiene familiares desaparecidos prometió que junto con otros vecinos seguirían estando en las calles con el reclamo hasta que Etchecolatz volviera a la cárcel. Habló por último “un maestro”, aquel que mereció que su vida fuera contada por un afamado escritor en un libro que se llama simplemente así: “Un maestro”. Este hombre, el mayor de los tres oradores en la Plaza principal de Trenque Lauquen, fue secuestrado el mismísimo 24 de marzo de 1976, y las torturas que le infligieron lo dejaron sordo (aunque no le quitaron un ápice de lucidez, lo cual demuestra que para “sacarle el jugo” a la inteligencia no es imprescindible escuchar tantas palabras huecas como actualmente se desgranan a través de nuevas y viejas tecnologías de la comunicación). A su alrededor, escuchando y aportando reflexiones entrecruzadas, vecinxs desde 2 hasta 70 años, aproximadamente.

El sobreviviente del horror explicó que el “premio mayor” no se lo había sacado el asesino genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz, sino los integrantes actuales de la Gendarmería nacional, pues la detención domiciliaria a uno de los peores verdugos de ayer (no tan “ayer”, cuando pensamos en la segunda desaparición de Jorge Julio López) es un mensaje de impunidad para los verdugos de hoy y mañana (¿O acaso el subalférez Emmanuel Echazú no está festejando su promoción a alférez, a pesar de haber llegado al río Chubut pocos pasos después que Santiago Maldonado?, ¿O no lleva ya mes y medio de impunidad el prefecto que asesinó por la espalda a Rafael Nahuel?).

Alguien podría haber cantado “Mar del Plata y Trenque Lauquen: un solo corazón”, porque el puñado de vecinxs de este noroeste bonaerense se supieron en todo momento integradxs a la marea humana que ganó calles muy cercanas a la costa atlántica, yendo desde un Tribunal Oral Federal hasta la Rambla costanera. A más de 400 kilómetros de distancia de allá, se marchó acá uniendo la Plaza con el edificio que simboliza los Tribunales locales, pasando luego frente a la Comisaría (señalada en el “Nunca Más” como centro clandestino de detención) y la Fiscalía, para volver a la Plaza San Martín.

¿Cuántas otras ciudades se habrán sumado al repudio a Etchecolatz y su estadía en el Bosque Peralta Ramos? ¿Cuántos miles habremos sido a lo largo y a lo ancho de la República Argentina? ¿En cuántos asfaltos se habrá coreado lo mismo?: “¡Cárcel común, perpetua y efectiva! ¡Ni un solo genocida por las calles argentinas!”

No deberían enojarse con nuestras declaraciones quiénes le creen algo al actual Gobierno: que haya sido electo y revalidado en las urnas no implica que todas sus acciones y omisiones en materia de la política de Estado en Derechos Humanos se aparten un milímetro del objetivo de neutralizar los juicios de lesa humanidad, sobremanera cuando las investigaciones rozan a civiles; hay cientos de hechos acumulados desde diciembre de 2015 que permiten sustentar la conclusión que se resume en el apelativo: “Gobierno PRO-impunidad” (para los criminales de lesa humanidad, que son los peores de todos). A su vez, quiénes se molestan con las movilizaciones que hubo y seguirá habiendo para conseguir que Etchecolatz y otros asesinos genocidas vuelvan a la cárcel, pero no explicitan de manera tajante su repudio a los crímenes que estos miserables cometieron (secuestros, torturas, violaciones, apropiaciones de menores, vuelos de la muerte) se ubican en una “zona gris” de tolerancia a dichos crímenes que, como dijo en la Plaza San Martín de Trenque Lauquen “un maestro” sobreviviente del exterminio, convierte al “Nunca Más” en una mera expresión de deseos.

En Mar del Plata, en Trenque Lauquen y en quién sabe cuántas ciudades más, la lucha contra los asesinos genocidas es un asunto de varias generaciones de ciudadanxs que dan la cara, y ponen su cuerpo y su energía  para enfrentar a los impunes de ayer y de hoy, intentando hacer de la democracia argentina algo más que una cáscara vacía.

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