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Beruti: la construcción policial de sujetos peligrosos

Derechos Humanos 05 de febrero de 2018 Por
El Destacamento policial se ve desde hace algunos días cuestionado por distintos hechos de violencia institucional. Algunos aportes y herramientas para analizar la problemática desde nuestros derechos y el debate suscitado a partir de este inédito cambio de prácticas.
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Por Anahí Studer, abogada

La semana saliente ha traído un acalorado debate alrededor del accionar del actual cuerpo policial del destacamento de Beruti. Más precisamente, los sucesos denunciados hacen hincapié en un cambio de rumbo del accionar policial hacia la comunidad. Se destacan los comentarios por remarcar la rigidez de las nuevas autoridades en cuanto a excesivos controles vehiculares, persecución de jóvenes y adultos para requisa de sus pertenencias, ingreso a comercios para revisación de mercaderías, represalias contra quienes se oponen a los nuevos lineamientos y hasta un hecho de malos tratos ocurrido al interior de la dependencia.

Tras hacerse públicos estos hechos a través de una publicación de Diario Nep, la edición impresa del sábado 3 de febrero del Diario La Opinión, se ocupó de recuperar algunas voces oficiales en defensa de estas prácticas arbitrarias. Allí se expresaron sus respaldos políticos, municipales y hasta de algunos representantes de organizaciones populares, justificando los hechos sin hacer mención alguna a la importancia de generar políticas de seguridad ciudadana con perspectiva de derechos humanos. Por el contrario, parece ser que la policía y el Ejecutivo trenquelauquense se encuentran en órbita con el cambio hacia un modelo represivo.

Nadie puede negar que los hechos resultan extraños para una pequeña localidad, de bajísimo índice de delito y por sobre todo con un pasar que perviven prácticas de convivencia sumamente pacíficas. Cabe preguntarse entonces la utilidad y eficacia de los operativos y sobre todo sus objetivos. Porque los fines de estos procedimientos parecen no encajar con las formas de vivir de nuestro pueblo, sino más bien con un efecto muy de moda por estas épocas que introduce reglas represivas, arbitrarias e ilegítimas para “controlar” el delito, planteando la plena vigilancia y sometiendo a los ciudadanos y ciudadanas nada menos que a vivir con miedo y “disciplinados”.

Es importante llamar siempre a las cosas por su nombre. Y hay una batería de análisis jurisprudenciales, doctrinarios y sobre todo normativa constitucional y del derecho internacional de los derechos humanos que nos permiten hacerlo y no obviar NUNCA cuáles son nuestros derechos frente a la maquinaria estatal.

Tenemos derecho a pasear y transitar libremente por el pueblo: sin que nos demoren continuamente en la calle para pedirnos nuestra identificación. Ser joven y estar en la calle, en la plaza, en el club no es un delito. Nadie debería señalarnos o discriminarnos por eso.

Tenemos derecho a reunirnos, divertirnos, usar el espacio público, sin ser humillados, ni que se nos trate irrespetuosamente. Tenemos derecho a vivir libres de violencia.

¿Por qué hablamos de Violencia Institucional?

Hablamos de violencia institucional cuando los responsables de ejercer la violencia son funcionarios del Estado, que utilizan la fuerza pública o su autoridad fuera del marco de la ley. Se trata de prácticas estructurales que restringen nuestra libertad, nuestra autonomía y que se vuelven sumamente graves por estar protagonizadas por funcionarios que lejos de tener el deber de violentarnos, tienen el deber de nuestra custodia, de cuidarnos.

Alguien podrá asegurar que los hechos acecidos en la localidad de Beruti se encuentran muy lejanos a los episodios de gatillo fácil, de torturas o de tratos inhumanos que aún vemos suceder a través de los medios de comunicación. Y esto es, en alguna medida cierto. Pero siempre es importante contextualizar cómo nace la violencia y qué prácticas deben erradicarse de nuestra vida cotidiana para impedir estados de situación más graves. Entonces, cuando los recientes hechos denunciados le ocurren a un/a amigo/a, pariente o vecino/a es hora de preguntarnos qué podemos hacer para no seguir engendrando violencia  y que ésta sea difícil de detener.

Muchos organismos estatales y no gubernamentales se han ocupado de elaborar guías de actuación frente a casos de violencia institucional  -aunque no podamos salir del asombro de recurrir a ellos- en estas circunstancias, quizás sea útil tenerlos presentes. En definitiva, se trata de nuestros derechos. Aquí algunos puntos a tener en cuenta:

En cuanto a las rutinas y prácticas de las fuerzas de seguridad en el territorio, como son los allanamientos y controles de identidad en la vía pública, es importante dejar registro de quiénes participaron del operativo. También si se trata de personas que no son parte de las fuerzas de seguridad, identificando nombre y asociación a la que pertenecen, como el carácter bajo el cual se encontraban allí presentes.
El allanamiento consiste en el ingreso de las fuerzas de seguridad a un local o domicilio particular para buscar un objeto o personas relacionados con un posible delito, consumado o por cometerse. Por ello es importante que por regla exijamos la orden judicial que amerita la intromisión, o conozcamos el posible delito con el que nos encontramos relacionados.
La requisa consiste en la revisación de tu cuerpo o de tus pertenencias, o del auto en que viajas con el mismo objetivo que el allanamiento: por estar relacionados con un delito cometido o por cometerse. Si la revisación sobre tu cuerpo se realiza mediante tratos humillantes se la llama requisa vejatoria y es ilegal.
En cuanto a los cacheos en la vía pública no debemos olvidar que la Constitución Nacional consagra nuestro derecho a la privacidad, y que si no hay orden judicial para realizarlos solo pueden palparnos para ver si tenemos armas, excepto que se encuentre en peligro el orden público.
Si presencias un hecho de violencia institucional, es recomendable contar con un registro de los hechos. La organización popular es muchas veces la única herramienta con la que cuentan los ciudadanos y ciudadanas de a pie para combatirlos.

Actualmente una forma muy práctica de dejar registro es la de filmar con cámaras o celulares los hechos que observamos en la vía pública y que son irregulares. Sin embargo, esto es no se recomienda si no nos encontramos junto a otros testigos. Siempre debemos hacerlo acompañados de otras personas, por temor a posibles represalias.
Si ves que a tu vecino  lo detienen -o peor aún, lo golpean- es importante además de intervenir, dejar registro de sus datos personales. Si bien en Beruti nos conocemos todos, es conveniente contar con nombre completo de la persona que se encuentra problemas, para luego poder averiguar su situación procesal, que nos dará la pauta de que la detención está sujeta a control judicial como corresponde, aun tratándose de una contravención.

Otro dato de interés tiene que ver con el tipo de vehículo en que se trasladaban los agentes de la fuerza de seguridad: si bien los patrulleros deberían estar debidamente identificados –al igual que los agentes deberían encontrarse con sus respectivas chapas- muchas las veces las fuerzas adoptan otras maneras de manejarse, en vehículos civiles. Esto no se encuentra enmarcado en un accionar debido, ya que no olvidemos que los policías son funcionarios públicos y deben transparencia a la población, respondiendo  por los actos que desempeñen. No olvidar que responden por la integridad física de las personas que se encuentran bajo su custodia.

Si fuiste detenido/a es importante en lo posible recordar la cantidad de horas que estuviste demorado/a, si fuiste fotografiado, si había otras personas alojadas y si recibiste algún tipo de amenaza o lesiones. Es obligatorio además que recibas asistencia médica en caso de requerirla. Si sos mujer, la normativa obliga a que intervenga en el procedimiento personal policial femenino.
                

Si no hay un motivo previo que justifique que la policía te demore (la sospecha de tu participación en un delito o no te idenficas antes ellos) y además la policía te conoce no hay razón para que lo hagan.  Es recomendable igualmente transitar con documentación, ya que en otras localidades es una práctica naturalizada.

¿Sujetos peligrosos?

La presente situación deja algunos interrogantes que van más allá de la situación coyuntural que nos sorprende. ¿Beruti ingresa en la era de los estereotipos captables por el sistema punitivo?. ¿Quiénes serán los más afectados? ¿Quiénes los beneficiados con este giro en las políticas de seguridad? ¿Qué instituciones o personas se ven beneficiadas con la reproducción de ese sentido común? ¿Qué rol ocupan los medios de comunicación en esta discusión?

¿Cuándo el espacio público pasó a ser un lugar de sospecha de delitos, siendo que históricamente la plaza, el club, la pileta son nuestros clásicos espacios de entretenimiento? ¿Por qué está mal divertirnos en la calle?

¿Porque los comercios berutenses –algunos muy tradicionales- serían potenciales traficantes o partícipes de un excesivo comercio irregular de alcohol? Traen seguridad ¿Para quiénes y cómo? ¿A costa de que los perseguidos sean los hijos de tus vecinos?

La vuelta al viejo recurso de estigmatizar a la juventud. De repente los jóvenes del colegio, los jugadores de la Giat, todos aquellos que expresan disidencia, que tal vez se emborrachan, son los nuevos enemigos del orden.  También los que quizás recién llegan a vivir a nuestro pueblo con la esperanza de un trabajo y un bienestar para sus familias ¿Se vuelven sujetos peligrosos?

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