"Vivir para que al morir sólo quede el horror como recuerdo"

Derechos Humanos 27 de febrero de 2018 Por
Un comunicado de la Comisión por los Derechos Humanos de Trenque Lauquen tras la muerte del genocida Luciano Benjamín Menéndez.
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Cecilia González, una periodista mexicana que es corresponsal en nuestro país, escribió al enterarse de la novedad: "Luciano Benjamín Menéndez murió condenado. Sus crímenes, como el de tantos represores, no quedaron impunes y eso es un ejemplo para el mundo. Nunca dejen de sentirse orgullosos por los juicios de lesa humanidad, queridos argentinos".

Doce condenas a reclusión perpetua, más allá de que se le hubiera concedido la prisión domiciliaria por la edad y motivos de salud discutibles, hablan por sí solas. La agrupación HIJOS presentó el hecho de una manera contundente: "Se murió la Muerte". Podríamos decir que ni siquiera la Muerte tiene la culpa de las atrocidades cometidas por este militar que deshonró el uniforme como pocos, al que apodaban "El Chacal" o "La Hiena" (con más razón hay que aclarar que estos mamíferos cargan injustamente con la condena social reservada a criminales como Menéndez). Dicen las crónicas que el asesino genocida solía visitar el campo clandestino de detención 'La Perla' y presenciaba fusilamientos al borde de las fosas. Según contados sobrevivientes, aparecía durante los interrogatorios y las torturas, y se le adjudica ser ideólogo del "pacto de sangre", por el cual se hacía participar a todos los oficiales en los secuestros y fusilamientos, para que el día de mañana "no se dieran vuelta".

Transcurrieron largas décadas desde que ordenó cometer y participó de los crímenes más atroces que alguien se pueda imaginar, y en ningún instante hasta hoy que murió mostró el menor arrepentimiento, así como tampoco dio información del paradero de los restos de los miles de detenidos-desaparecidos que pasaron por sus garras, o de los niños apropiados en las provincias del centro y norte de nuestro país que regenteó. Ello obliga a investigaciones sumamente dificultosas y con escasas probabilidades de éxito, que se desarrollan a lo largo y a lo ancho de nuestro país para encontrar vestigios del plan criminal ideado y ejecutado por personas como Luciano Benjamín Menéndez. Sólo un enorme profesionalismo y el amor por la humanidad puede pararse enfrente del sadismo y la cobardía de tipos como Menéndez, para no cejar en el intento de reparar aunque sea en una mínima proporción el daño causado a la sociedad, que como decía la periodista mexicana debe sentirse orgullosa de persistir en la búsqueda pacífica de Verdad y Justicia, ejerciendo cada día en la medida de las posibilidades el deber de Memoria.

Embebido en el horror que inspira su recuerdo, ahí está y estará por siempre Luciano Benjamín Menéndez. De eso no lo salva ni Dios.

 

 

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