Más precarizadas y con menos salarios

Información General 07 de marzo de 2018 Por
De cara al paro internacional de mujeres programado para el próximo 8 de marzo, analizamos un informe del CEPA sobre la brecha de ingresos entre varones y mujeres.

Las desigualdades del neoliberalismo.
Las disparidades económicas que afectan a las mujeres constituyen una de las grandes motivaciones que movilizarán a millones el próximo 8M de 2018, en el paro internacional de mujeres. En un detallado informe, el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) analiza el origen de la brecha de ingresos y una serie de factores de profunda raigambre social que explican su existencia.

La paridad en términos de ingresos constituye una de las principales desigualdades económicas que afecta a las mujeres. Si se consideran los ingresos de la ocupación principal,  desde el CEPA advierten que las mujeres perciben ingresos laborales 27% más bajos que los varones. Pero aun cuando se consideran los ingresos personales (ingresos laborales de la ocupación principal y secundaria e ingresos no laborales, como por ejemplo jubilaciones, pensiones, renta, cuota por alimentos, entre otros), la brecha entre varones y mujeres asciende y se ubica en el 29%.

Si bien durante el periodo comprendido entre los años 2004 y 2015  es posible identificar una disminución de 11 puntos, pasando del 33% en 2004 al 22% en 2015, la brecha de ingresos entre hombres y mujeres por la ocupación principal se mantiene entre el 20 y 30% desde hace más de una década.

En este sentido el informe del CEPA destaca que es posible identificar una correlación negativa entre los devenires macroeconómicos y la evolución de la brecha de ingresos entre varones y mujeres, es decir que mientras se formalizaba el empleo y crecía el salario real, la brecha disminuía.

Según el informe del CEPA sobre la situación económica de las mujeres argentinas, uno de los principales mitos en cuanto al origen de la brecha es que la misma se debe a que las mujeres perciben menor remuneración a igual tarea realizada por varones (práctica prohibida por ley). Esta práctica en si no explica el fenómeno macro. Si bien es cierto que estos casos de discriminación existen, los fenómenos que resultan determinantes según el CEPA son: la desigual distribución entre trabajo productivo y reproductivo, mayor informalidad laboral y penalización de las profesiones del cuidado.

LA DESIGUAL DISTRIBUCIÓN ENTRE TRABAJO PRODUCTIVO Y REPRODUCTIVO: En este sentido el informe se refiere a las tareas domésticas asociadas al sostenimiento del hogar (lavar, cocinar, planchar, etc. y las tareas de cuidado de los hijos, adultos mayores y la propia pareja) las cuales, según la Encuesta del INDEC sobre Trabajo no Remunerado y Uso del Tiempo, las mujeres destinan 5,7 horas diarias al trabajo reproductivo, los varones destinan sólo 2. Esta presión de las tareas reproductivas sobre las jornadas femeninas las posiciona en desventaja a la hora de insertarse en el mercado laboral, pudiendo dedicar menos horas al trabajo productivo y remunerado y por ende obteniendo menores ingresos.

LA MAYOR INFORMALIDAD LABORAL: Otro de los elementos que afecta negativamente los ingresos de las mujeres es la mayor inserción de las mismas en empleos no registrados. En este sector, las mujeres representan el 36%, mientras que los varones el 31%. En este sentido el CEPA plantea que cuando se observa la brecha de ingresos en el trabajo informal con respecto al trabajo formal, queda de manifiesto el rol del Estado en dicha problemática: mientras que entre las trabajadoras y trabajadores registrados la brecha ronda el 20%, entre las y los informales la brecha se duplica, ubicándose en torno al 40%.

Por otra parte, una de cada dos trabajadoras con empleo no registrado se inserta en el trabajo doméstico, actividad casi completamente feminizada, donde el 98% de esta actividad es realizada por mujeres. La menor tasa de formalidad afecta el acceso de las mujeres a la salud, a derechos laborales básicos (vacaciones, aguinaldo, entre otros), restringe sus posibilidades de participación sindical y también limita la posibilidad de contar en la vejez con cobertura previsional. En este sentido, no es casual que durante las moratorias previsionales que se realizaron hasta 2015 el 86% de los nuevos jubilados fueron mujeres.

PENALIZACIÓN DE LAS PROFESIONES DEL CUIDADO: La desigualdad salarial no es un factor asociado solamente a la cantidad de horas vertidas en el trabajo reproductivo o la informalidad laboral. Cuando las mujeres efectivamente se insertan en el mercado laboral formal tienden a concentrarse en profesiones asociadas al componente de cuidado: docencia, sanidad y trabajo doméstico. Mientras que sólo el 6% de los varones se insertan laboralmente en tareas de este tipo, el 62% de las mujeres se desempeña en estas áreas.  En este sentido el CEPA refiere que los trabajadores del sector de sanidad, docencia y domésticos tienen remuneraciones por hora inferiores a otras actividades similares, identificando una especia de penalización del cuidado en este tipo de profesiones.

A estas desigualdades que sufren las mujeres en el mercado de trabajo el informe del CEPA plantea que  debemos sumarlos dos factores no menos importantes: feminización de la pobreza y costos diferenciales asociados al ciclo reproductivo de la mujer

El fenómeno de FEMINIZACIÓN DE LA POBREZA se acrecienta en los hogares con menores y monoparentales con jefatura femenina. El 27% de los hogares argentinos con menores son monoparentales y de estos el 83% tiene jefatura femenina. Esta representación se profundiza en los sectores de menores ingresos: los hogares monoparentales representan el 66% de los hogares pobres y los que tienen jefatura femenina son el 60%. En estos hogares la AUH es central ya que el 47% la percibe como ingreso principal. En cuanto al consumo, las MUJERES CUENTAN CON COSTOS DIFERENCIALES ASOCIADOS AL CICLO REPRODUCTIVO femenino. Una mujer cuya menstruación se produce desde los 15 años, tiene dos hijos durante su vida fértil y a los 50 años tiene la menopausia deberá dedicar a lo largo de su vida y a valores actuales casi $600.000. Durante toda su vida, tendrá la menstruación 420 veces descontando tres años de embarazo y posparto. Sumando el valor de las toallitas femeninas, pastillas anticonceptivas y analgésicos tendrá un costo de $6.518 anuales o bien $198.700 a lo largo de su vida fértil. Asimismo, en la etapa de la menopausia y considerando el promedio de vida de la mujer, tendrá otros 35 años donde deberá afrontar el gasto de apósitos para pérdida de orina, remedios para la incontinencia, pastillas de calcio, además de algunos años más de hormonas, lo que implicará un gasto anual de $9.240 o de $346.200 durante los 35 años.

En este sentido la eliminación de la brecha de ingresos entre varones y mujeres, exige la puesta en práctica de políticas públicas con perspectiva de género, que haga especial hincapié en las causas más profundas y reales de la inequidad salarial.

El próximo 8 de marzo la opinión pública se encontrará discutiendo en dos frentes una misma problemática. Por un lado la legalización del aborto y por otro las consecuencias de un modelo neoliberal, que pone en jaque a los sectores más desprotegidos, entre los que el colectivo de mujeres se encuentra como su principal perjudicado. Frenar el  avance de las políticas neoliberales  será el objetivo ya que en este contexto todas las desigualdades se profundizan.

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