Corazones, Muchos Corazones

Derechos Humanos 25 de marzo de 2018 Por
Una crónica de Juan Gatti tras la marcha del 24 en Trenque Lauquen.
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-  El arcoíris tiene los colores más gruesos. Dice la piba mientras empieza a protestar.

-  No, asi está bien, para mi está bien. Le contestan.

-  No. Porfía, si algo tiene la piba es que de porfiar sabe.

-  Listo! Ya están cansadas las dos, se van a dormir. Arremeten los adultos que de discutir saben bastante.

Llantos, rencores y los adultos, como siempre, decidiendo cuándo es hora de acostarse. 

La mañana comienza más tarde de lo normal, pero si es sábado se permiten algunos excesos. Hay tiempo.

La piba desayuna y enseguida pide hojas y lápices de colores. “Voy hacer un cartel para la marcha de hoy”. “Genial, haga”. “Remarcáme la mano, así”. “¿Así?”. “Si abierta, como una paloma”. “Listo, quedó”. “Dame más colores, muchos”. La piba empieza a colorear, a veces le encanta que las cosas tengan matices,  arto heterogéneo, demasiado quizás.

- ¿Cómo eran las palabras que pusimos en el cartel que empezamos anoche?. Pregunta

Antes, expresar con imágenes era suficiente; ahora, que los signos son cosa de todos los días, pareciera que lo ilustrativo es solo eso. Ilustrativo.

MEMORIA,  VERDAD, JUSTICIA. “Lo voy a hacer en letra doble”.

Es casi el mediodía y el cartel de la piba va tomando forma.

- Ya casi lo término. Declama y festeja.

Palomas, dedos en V, corazones, muchos corazones. Una mezcla extraña. Pero la piba y muchos de sus congéneres aprendieron  que a las marchas se va con alegría, se canta, se sonríe. Aprendieron también que se va en familia, con amigos, a abrazarse, a encontrarse, a verse las caras, a saberse nunca solo, a saberse acompañado, a estar feliz.

La piba y sus amigos nacieron en tiempos de festejo, tiempos grises seguramente, tiempos con deudas e importantísimos pendientes. Tiempos mejores que estos, sí, eso no se discute.

Falta poco menos de media hora para que comience la marcha y la piba ya está ansiosa, está en un cumpleaños y podría olvidarse un rato del asunto, pero no. Entre juego, salto y amacada, parece que le viene el recuerdo:

-          ¿Vamos  a llegar bien?  ¿Van a dejar ir a los del Cumen?. Pregunta y sigue sin entender porque hay gente que no deja a otra gente participar de algo alegre. Cosas de adultos. Adultos rancios.

-  Si, vamos a llegar, vos andá a jugar. Le responden.

A diez cuadras de la plaza San Martin la piba va caminando, come golosinas y canta. Sigue preguntando porqué a algunos no los dejan ir, no obtiene respuesta, va a los saltos, corre.

“¿Cuánto falta?”. “Ocho cuadras”. “¿Cuánto?”. “Siete”. “Seis”. “Cinco”. “Cuatro”. Frena en un quisco y entra, su marcha arrancó en sentido contrario, de alguna forma marchaba para encontrarse con la marcha, tiene sed. No puede hacer la compra.

-  Está lleno el quisco, sigamos. Dice, algo frustrada.

Ni bien termina  de hablar se da cuenta que la marcha de los 30mil está ahí, frente suyo, caras conocidas por doquier, abrazos, besos y los brazos que no alcanzan para apretujar a tanta gente ni los ojos para decidir a quién saludar. Ya está. Se pierde entre la gente. Busca a la otra piba, se muestran sus carteles.

Colores sobran. Las pibas se dan la mano, caminan juntas, levantas sus pancartas, corren, pasan gran parte del recorrido cerca del señor que lleva el altavoz. Escuchan los cantos, los repiten. No se cansan. El frio les importa poco y nada, quizás entre tanto calor humano no se siente. 

La marcha, la memoria, el viento, y la piba llegan a la plaza del bicentenario, aplauden, todos aplauden.

-          ¡Están los del Cumen!. Grita.

-          No todos, pero si, están. Le responden con cierta amargura.

No se queda en un único lugar, la piba y los de su generación, no conocen de estancamiento, no piensan en distribución de espacios, se ubican en la plaza como se les canta. La plaza es de ellas, siempre es de ellas. De a ratos La bandera de la asamblea les cubre un poco del viento y miran por los agujeritos que tiene la tela.

Se repiten los nombre de los 30 mil, los de los compañeros desaparecidos de acá, hablan los adultos. “esperemos que los vientos del olvido no sean tan fuertes” dice uno que sabe de aguantar tempestades. “venimos a festejar la porfía, la testarudez y la pasión”, la piba escucha atenta, a esa señora la conoce.

El acto termina, parece terminar, algunos se van, el viento y el frio no son para todos los cuerpos. La piba pide que la levanten, que la abracen fuerte, Pablo hace el ultimo repaso por los nombre de los compañeros desaparecidos, la piba se concentra, mira al señor que dice los nombre y grita: “¡PRESENTE! AHORA Y SIEMPRE!” , con el brazo en alto, y la jeta sonriendo. El eco queda en la plaza, en esa, la que siempre nos ve juntos, en la que nos encontramos, la que nos ve bailar, esa plaza, que más que cualquier otra, es nuestra.

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