Carta imposible a Susana Larrubia

Derechos Humanos 26 de marzo de 2018 Por
Emilia Cabrera le escribe a su prima desaparecida, Susana Larrubia, tras la marcha del 24 de marzo en Trenque Lauquen.
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                                                                                                                                        25/03/2018, Trenque Lauquen

Querida Susana:

 

                        No acostumbro escribir cartas a los muertos desde que tomé conciencia que mi padre no leía aquellas que dejaba en su tumba, pero hoy, ante las bocanadas de odio espiradas por los personeros de la impunidad y el olvido encarnados en este gobierno negacionista a fin de empañar el recuerdo que tengo de vos, estoy muy dolida y necesito de este ritual, una suerte de exorcismo laico para paliar tanta amargura.

 

                        Han pasado más de 45 años de la última vez que nos escribimos, al menos la última carta tuya que conservo es de octubre del 72, cuando mi primera comunión. Hoy reincido, y es para decirte que estoy muy apenada porque el gobierno actual quiere excarcelar a casi un centenar de genocidas, entre ellos al feroz Julio Héctor Simón, ese que en el pozo del Olimpo tus compañeros de cautiverio y vos conocían como Turco Julián, el tipo que tanto daño te hizo según contó Daniel Retamar, un sobreviviente, en sede judicial. Esa noticia me tiene paralizada, después de lograr la condena del Turco Julián por las torturas y vejaciones que perpetró en el Olimpo, ahora esto… Estoy desbastada. Me siento como Pijoaparte al final de Ultimas tardes con Teresa, siempre perder una y otra vez. Es un desamparo…

                     

                        Además, para este presidente que padecemos parece que costás mucho dinero a los argentinos; y tu compañero Juan Adolfo desaparecido, ídem; y tu hermana Nora desaparecida, ídem; y su compañero Carlitos desaparecido, ídem; y tu madre, la querida tía Alicia desaparecida, ídem; y Rosa la madre de Carlitos desaparecida y reaparecida como cadáver tirado bajo un puente, ídem; y tu hija y el hijo de Nora que como pueden han rearmado sus vidas entre medio de tanta ausencia, ídem. Este gobierno no quiere  que el estado gaste más dinero en ustedes los desaparecidos, y sus familias desgarradas por el terrorismo de estado –en el “curro de los derechos humanos” dice Macri, el presidente que te dije-, así que vaya a saber si alguna vez podré dejarte esta carta en una tumba donde puedan reposar tus huesos aún desaparecidos, porque claro, los estudios de ADN cuestan dinero, y el presidente no quiere que se gaste más plata de los argentinos en "el curro de los derechos humanos” como dice él;  como cuestan también los procesos judiciales en que se investiga la responsabilidad de tus asesinos; y las indemnizaciones que el estado aporta a los familiares directos de las personas que desapareció, para reparar en algo el daño perpetrado por el terrorismo que ejerció como tal durante la dictadura cívico-militar; como también cuesta dinero mantener los sitios de memoria, y todos lo etcéteras  del “curro de los derechos humanos” como dice Macri, y corea la caterva de miserables que lo rodea y los medios de incomunicación que lo blindan y sostienen.

 

                   Pero no todas son malas, Susana, escribo también para contarte que estuve releyendo aquella carta que le escribiste en hojas amarillentas a tu padre cuando el golpe de estado del 24 de marzo del 76, desde la casa de tus amigos en donde te habías ocultado. Siempre vuelvo a esa carta, sobre todo en estos momentos de oscuridad. Decís en la misma:

"Las cartas están echadas, y yo voy a jugarme por completo para que todo este mundo sea más justo.[…] Quiero algo mejor para todos y estoy convencida que vamos a llegar, algunos con vida y libres, otros presos, y otros en la memoria de muchos, pero vamos a llegar”.

                  Pasaron ya 42 años y todavía estamos en camino, aún no hemos llegado, así son las utopías querida Susana.  Te cuento que ayer recorrimos las calles de Trenque desde la plaza San Martín hasta la del Bicentenario bajo las consignas de “Memoria, Verdad y Justicia” y “Ni un genocida libre”, y también para exigir mediante la voz de los oradores del acto que “este mundo sea más justo”: que no haya más trabajadores despedidos, que Vidal no cierre los bachilleratos de adultos, que las fuerzas policiales no fusilen más pibes, que el gobierno libere a los presos políticos, que el gobierno no libere a los genocidas condenados, que se respete la libertad de expresión…  y así en miles de plazas de todo el país;  y  vos y tu compañero, tu hermana y su compañero, tu madre y la madre asesinada de tu cuñado desaparecido, y los 30.000 ahí estaban, caminando como caminan siempre junto a nosotros que estamos vivos, algunos encarcelados como Milagro Sala y tantos más porque tras 32 años de democracia ha vuelto desde 2016 la moda de los “presos políticos”, y otros libres como predijiste en tu carta, porque ustedes están “en la memoria de muchos”, aunque no de todos, todavía quedan aquellos que  lamentan  que el estado argentino gaste dinero en los desaparecidos.

 

                 Te extraño Susana, te extraño tanto... Me despido con un abrazo imposible a través de esta carta ídem.  Emilia                                                                       

                     

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