COMUNIDAD NEP banner

Las mujeres de Malvinas: “Si vos contás una historia sin parte de sus actores estás contando una mentira”

Género 03 de abril de 2018 Por
Una entrevista del equipo de Radio de Juana Sostén a Alicia Panero, autora de Mujeres invisibles: remoto Atlántico Sur, 1982, libro en que cuenta la historia hasta entonces no abordada sobre las mujeres que participaron de la Guerra de Malvinas.

Cuando pensamos en Malvinas pensamos enseguida en los Ex Combatientes, pero nunca pensamos en mujeres, y en el rol que ellas tuvieron, ¿cómo llegaste a las historias de Mujeres Invisibles?

Yo trabajo en una institución militar. Hace 30 años trabajaba en otra institución militar, soy profesora de historia. Estaba en una cátedra de investigación donde se había “bajado” desde el Ministerio de Educación que se trabajara sobre mujeres y Malvinas. En ese momento las mujeres vinculadas a Malvinas siempre habían sido las esposas, las viudas, las hijas de los Veteranos o de los Héroes.

Las madres esperando…

Sí, aunque poco. Más bien las madres institucionalizadas, siempre. Las de los militares. Las madres de los soldados son bastante olvidadas en este país.

Me llegó una foto de una chica uniformada y armada que había sido tomada en Comodoro Rivadavia en 1982. Me la mandó una colega que la había encontrado en internet, me contó que eran chicas que habían participado de la guerra. Le pregunté a todos los oficiales superiores que tenía cerca si sabían de esa historia y decían que no, que no tenían idea, que no conocían, hasta que uno me dijo “Sí, creo que hubo unas mujeres que eran enfermeras” Esa fue la primera respuesta que me dejó en shock. Porque además yo viví 12 años en la Patagonia y siempre participé de los homenajes y de las vigilias que se hacían por Malvinas. Allá la gente lo vive con una intensidad muy diferente a como lo vivimos en el norte. Malvinas les tocó mucho más de cerca, vivieron una guerra que nosotros no vivimos. Y en ningún homenaje jamás oí hablar de ninguna mujer. En la propia Fuerza Aérea, que es la institución donde trabajo, cuentan con la única mujer Veterana que pisó suelo de Malvinas durante la guerra, rescatando heridos a bordo de un Hércules C–130, en varios rescates. Jamás oí que la mencionaran.

Entonces la Cátedra inicia un pequeño trabajo, las menciona. Por mi insistencia conseguimos que una de ellas hablara a los alumnos. Pero quedó ahí, y yo contaba con este material, que si nadie lo rescataba iba a quedar ahí, en la institución.

Después me fui enterando que teníamos a esas Veteranas, que no había solamente una, que eran 16. El Día del Veterano, que se conmemora el 2 de abril, ya desde la imposición del nombre del día, “El Día del Veterano y de los Caídos por Malvinas”, las deja afuera: no es el Día del Veterano y de la Veterana. Y así tuviéramos una y no 16, esa mujer tendría que haber sido invocada en ese feriado. Esa es mi perspectiva.

Las mujeres en las guerras son invisibilizadas internacionalmente, no es solamente un problema nuestro. Pero la Guerra de Malvinas despierta mucho interés a nivel mundial; hay cientos de libros escritos en español, en inglés, en francés, y sin embargo ninguno de ellos hace alusión a la participación de las mujeres, ni de las británicas, ni de las isleñas, ni de las argentinas.

Yo traté de pararme en una instancia superadora, de mostrar cómo estas mujeres habían sido invisibilizadas por esto del machismo imperante en las instituciones militares. A mí incluso me trajo muchísimos problemas haber escrito este libro dentro de la institución, porque yo vine a romper con un relato que estaba cerrado y armado por hombres. Las mujeres que hablamos de la guerra no somos muy bien vistas en el ambiente de los que escriben sobre la guerra de Malvinas.

Así las fui encontrando. Traté de buscar a una que representara a cada grupo: las enfermeras que estuvieron en Comodoro Rivadavia, las que eran de Fuerza Aérea, las que estuvieron en el buque hospital Almirante Irízar, que fueron civiles voluntarias a la guerra (Nadie se ofreció como instrumentador quirúrgico para ir a la guerra, y lo hicieron ellas: se embarcaron el 4 de junio, cuando ya los combates eran feroces. A ellas les tocó recibir la mayor cantidad de heridos); traté también de poner el testimonio de las enfermeras de Puesto Belgrano, que recibieron a todos los heridos del Crucero General Belgrano; a las enfermeras de la Marina Mercante –una de ellas había llegado a ser Comisario de a bordo durante la guerra. Su buque transitó las millas en torno a Malvinas; la hicieron Veterana por la ley del Veterano.

¿Qué edades tenían, en promedio, estas mujeres?

Las que estaban en la Fuerza Aérea, entre 21 y 25 años. Las del buque de la Marina Mercante eran un poco más grandes, hay una que hoy tiene 85 años, es decir que durante la guerra tenía alrededor de 50. Y hay un grupo muy particular, en el que yo siempre hago mucho hincapié, que son unas alumnas estudiantes de enfermería que dependían del Hospital Naval de Puerto Belgrano: tenían 15 y 16 años. Esas chicas estaban tuteladas por el Estado de la dictadura para estudiar, y sin permiso de nadie, ni siquiera de sus padres, disponiendo de la vida de las personas como sucedía en aquellos años, las pusieron en contacto con heridos de guerra. Hoy hay dos proyectos de ley presentados en el Senado para hacer con ellas una reparación histórica porque son nada más que 11 y porque están muy afectadas por lo que les tocó vivir en aquella época. Una imagina ahora un grupo de chicas de 15, 16 años atendiendo un herido de guerra y no le entra en la cabeza.

Eran todas muy jóvenes, en general

Sí, todas muy jóvenes. De las británicas la más grande estaba en el buque Uganda, tenía 29 años. Eran 30 enfermeras. Iban de los 21 a los 29 años. Después hay un grupo de chicas en todas las ciudades costeras de la Patagonia que fueron las encargadas de instruir la defensa civil de las ciudades cuando se empezaron a hacer los operativos de oscurecimiento, cuando la flota británica ya estaba en el Atlántico Sur, momento en que había un riesgo muy cierto de bombardeo al continente. Esas chicas que instruyeron eran chicas de escuela secundaria, les indicaron a sus vecinos cómo oscurecer las casas, cómo actuar ante un bombardeo, cómo racionar víveres… Lo que más sorprende de esto es el rol que tuvieron las mujeres que estaban en las instituciones militares: yo siempre digo que fue una estafa histórica no haberlas mencionado nunca. Cuando se empezó a difundir mi libro me llamó gente del exterior para preguntarme si era una novela lo que yo había escrito, no lo podían creer.

Repito lo que decía al principio: la guerra de Malvinas genera mucho interés en el mundo, y que tengamos una mujer por ejemplo que en medio de la noche se colgaba del portón de un Hércules para poder alcanzar una camilla de un herido que bajaba a la ambulancia, y que a veces se tenía que atar para que no se la llevara el viento y poder hacer esa maniobra, y que en 35 años nunca nadie haya hablado de ella… Cuando se empezaron a difundir las políticas de género nadie las rescató. Creo que mi trabajo es valioso en cuanto a la recopilación del testimonio oral, que hace que el pasado se reconstruya por completo. Si vos contás una historia sin parte de sus actores, estás contando una mentira.

También me parece que lo que nos pasó a quienes leímos tu libro fue ponernos a reflexionar sobre esas cosas. Porque quizás nunca nos habíamos puesto a pensar si había mujeres en Malvinas. Siempre que haya un lugar en que veamos únicamente varones es porque hay algo que no estamos viendo, hay una historia que no nos están contando

Exactamente. Y también empezar a pensar en lo que pasa hoy con las mujeres en las Fuerzas Armadas y de Seguridad. Por más que haya oficinas de género y políticas definidas desde el Estado con respecto al género, a raíz de este trabajo yo aprendí y comprendí, tras involucrarme más, que las oficinas de género en las Fuerzas Armadas son para defender a los militares, no a las mujeres. Entonces no nos puede volver a pasar, no podemos volver a olvidarnos. Probablemente haya grupos de mujeres que no estamos viendo, que están pasando por situaciones de violencia institucional como esta. A estas mujeres se les prohibió hablar. Muchas de ellas empezaron a hablar 20, 25 años después de la guerra. Muchas hablaron de lo que habían vivido por primera vez conmigo. Les daba vergüenza, estaban traumadas. Al ser Malvinas un hecho de la dictadura, era avergonzante, al principio, hablar de eso.

Hay un pasaje en tu libro en que Alicia, una de las Veteranas de Malvinas, a partir de un accidente cerebrovascular empieza a hacer psicoterapia y en una sesión “se le escapa” decir “ni en la guerra la pasé tan mal”. Estamos hablando de una guerra que fue en 1982 y ella recién en 2010 cuenta por primera vez que estuvo ahí. Este manto de silencio, todo lo que se trató de ocultar, ¿cómo lo viviste vos?

Ellas sufrieron mucho por lograr una visibilización, tuvieron sus propias luchas de las que yo me enteré después: habían intentado participar de desfiles, por ejemplo. Muchas veces los propios Veteranos –muchos de los que ellas habían atendido– las habían echado de esos desfiles. Porque hay un concepto de que si no tiraste un tiro en la guerra no sos un Veterano de guerra. No en todos los Veteranos, pero es un pensamiento muy común: que aquel que no combatió, por más que haya desempeñado un rol fundamental, no tiene la misma importancia que aquel que tiró un tiro. Yo creo que todos los roles son importantes y el de enfermera de guerra es la representación del trabajo humanitario. Las enfermeras nuestras atendieron heridos ingleses y las enfermeras inglesas atendieron heridos argentinos con el mismo amor y con la misma pasión como si fueran sus compatriotas. Una enfermera es eso: es entrega, es tarea humanitaria. No le importa el uniforme, el idioma, el color de la bandera. He hablado con gente argentina que ha sido atendida por enfermeras inglesas y que no ha sentido la más mínima diferencia en el trato que si hubieran estado en un buque argentino.

Me pasó algo muy raro con un señor que me llamó. Había leído mi libro y me había logrado contactar. Me dijo: “Sabe que estuve 32 años creyendo que había soñado que en el barco había mujeres” Él había estado muy grave y entre sus estados de consciencia e inconsciencia él veía que había unas mujeres. Cuando lo trasladaron al continente él empezó a contar que las había visto y que uno le dijo que había estado soñando, que no era cierto. Como si las hubieran sepultado. Es una cosa que yo todavía no puedo comprender. No tengo respuestas. Las he buscado en las instituciones y se han enojado.

Al día de hoy, después de mi libro y de su repercusión y de que se hicieran un montón de homenajes y reconocimientos en Municipios y Provincias –nunca en las instituciones militares–, aún hoy [en las instituciones de las que ellas formaban parte] siguen sin nombrarlas. En este último acto del 2 de abril las instituciones militares no las invitaron.

En tu libro mencionás que de las más de 24 mil pensiones de Veteranos de guerra que paga el Estado, no son más de 10 las mujeres beneficiadas en esa categoría.

Exacto. Ahora llegamos a 16 porque en el transcurso de estos años otras 6 lograron el reconocimiento y el resarcimiento por parte del Estado. Además hubo 14 mil efectivos en las Islas Malvinas. Después se sumaron 9 mil que no estuvieron en las Islas pero que la Armada los declaró Veteranos porque estaban embarcados, y cobran. Y hay algunas sospechas de corrupción en el padrón, de lo que se paga como Pensión de Malvinas. Yo siempre digo que lamentablemente los resarcimientos y las reparaciones son económicas, no hay otra manera de reparar el daño. El Estado no tiene otra manera. Muchos dicen “Ah, porque estas mujeres buscan plata”: no. Ellas buscan estar a la par de los hombres en el reconocimiento, que se las mencione, y a las que les corresponda también un resarcimiento económico (por la ley Vigente está el asunto de los “continentales”, a quienes no les corresponde una pensión porque estuvieron en el continente –y muchas de ellas estuvieron en el continente). La dictadura hizo abuso de autoridad sobre ellas –como por ejemplo con aquellas chicas de 15, 16 años–, ¿por qué no pedir una reparación? Hay un paquete de leyes reparatorias para la gente que sufrió la dictadura, y ellas no estuvieron ahí porque quisieron. Por supuesto que hicieron un trabajo excelente, que no se arrepienten, que para ellas es un orgullo haber participado, pero muchas de ellas sufrieron depresiones muy graves, adicciones, problemas de violencia, y descubrieron muchos años después cuál era el origen de todo eso.

En otro pasaje de tu libro, también el testimonio de Alicia, contás: “Cuando estaba en la escuela de Aviación militar, recién llegada de la guerra, el 14 de junio, [Alicia] lloró amargamente, y un oficial la vio y la bailó. En el lenguaje militar de entonces, “bailar” era hacer correr a un subordinado por el terreno durante media hora por haberse puesto a llorar. Un oficial que ni siquiera se había movido de su casa”

Alicia cuenta cosas terribles, por ejemplo sobre la gente que llegaba al Hospital Reubicable… El Hospital se llama Reubicable porque se arma y se desarma; en el momento de la guerra iba para Malvinas y por una cuestión logística lo armaron en el aeropuerto de Comodoro Rivadavia, adonde se derivaban todos los heridos; el que hoy está en Haití, cumpliendo con la misión de Naciones Unidas, es un Hospital que la Argentina le compró a Estados Unidos, uno que se había usado en la guerra de Vietnam. Alicia cuenta que a ese hospital llegaban oficiales que se hacían operar una verruga, o una uña encarnada, para volverse a su casa y no participar de la guerra.

GIF REMERA CATALEJO

Te puede interesar