La Habana: entre guaguas y malecón

Crónicas de la Isla 23 de abril de 2018 Por
Autos rusos de los ´80 mixturados con la moderna flota amarilla de taxis del Estado braman entre casas coloniales que ya no se apuntalan. Dos millones de personas que, cada día, viven de una forma distinta al resto del mundo… y lo logran.
Cronicas de la Isla PORTADA3

Por Federico Tártara 

Un anciano negro y de pelo canoso le pone los puntos a una turista española tipo Amelie.

-Nadie se sienta en el monumento de Martí.

Sucede que al pie de la estatua de mármol, diseñada por el arquitecto José Vilalta, se acunan la memoria, la Fe y los sueños de una Nación, así dicen en el Parque Central. Luego de gritar, el hombre vuelve a su banco de plaza de todas las tardes para entregarse a la conversación de beisbol con sus amigos que, le festejan, con miradas de aprobación, la tarea realizada. Ahí mismo, minutos antes, un grupo de raperos grabaron a dos  I phone un video de breakdance. El viejo, ni se rescató.

LaHabana2

Por otra de las veredas de la plaza pasea un grupo de policías que más que combatir el crimen, ofician de guías de turismo y hacen esfuerzos para ordenar un tránsito que inevitablemente se desmadra por el sinfín de vehículos que circula: va desde los carruajes hasta los coco-taxis, pasando por automóviles de todas las décadas, colores y marcas. La gran mayoría de los carros fueron modificados con denodada creatividad: por falta repuestos-debido al bloqueo comercial que sufre Cuba- o bien para que quepan más pasajeros a la hora de los viajes.

En lugares muy transitados, aparece “el seguridad”, un personaje que oficia de contralor de la policía in situ, que también puede ser el vendedor de cangrejitos-unas medialunas con dulce de membrillo- que se comercializan al lado del Teatro Payres. Por estas masas baratas y bien diminutas, visitan el comercio cubanos de toda clase, sexo y religión. Sorprenden los uniformes de trabajadores y trabajadoras del ejército y el Estado en la cola para adquirir el manjar. En Cuba, si hay algo que sobra, es la igualdad ante todo.   

En esta zona céntrica pasa absolutamente todo lo que tiene que ver con la vida habanera. Desde aquí se disparan los colectivos turísticos bien chetos y descapotables que dan una buena vuelta por el centro, los que van a las playas del Este y los que suben el empinado morro para visitar la arquitectura colonial de San José de la Cabaña o disfrutar del “cañonazo de las 9”.

El Hotel Central- con participación accionaria de la cadena española Iberostar-, el tradicional Telégrafo, el clásico café “Louvre”, la Bodeguita del Medio- inmortalizada por el escritor norteamericano Ernest Hemingway- la calle Obispo, y el majestuoso Capitolio, completan una postal caribeña anclada en los años ´50, pero también con mucho de ese minicapitalismo fastidioso que invita a consumir merchandising guerrillero made in Miami.     

Hasta en estos hoteles paquetes están las fotos de propaganda de la Revolución, que variando en la estética se ponen a tono: en el “Hotel Inglaterra”, en la puerta de entrada, hay un enorme cuadro de Fidel junto al escritor colombiano Gabriel García Márquez.  

“Siento que a veces uno se deja llevar por un sector que está en La Habana, y en realidad el país es mucho mayor, y en algunos sectores alejados de la misma capital ya es distinto”, dice María Santucho, argentina que vive en Cuba desde hace más de 40 años.

El límite es el Malecón

Una larga y serpenteante construcción de piedra es la encargada de detener el mar caribe. Además, actúa de perímetro indispensable y ordenador de la vida urbana.

Y también fue testigo de los mejores y peores momentos de la Revolución. En tiempos de las tribunas internacionalistas, durante los felices ´60 y ´70, cuando trabajadores de todos los continentes se reunían en sus inmediaciones para discutir el poder de los proletarios en el mundo; o cuando desde sus empinadas columnas y tapias, en épocas del Periodo Especial, los habaneros tiraban botes y barcazas al mar en busca del paradisiaco y desconocido Miami.

El Malecón comienza en el Río Almendares- que tiene unos 50 kilómetros de largo- y culmina en San José de la Cabaña, una construcción colonial que también fue el lugar donde Ernesto “Che” Guevara instaló su Comandancia con la llegada a la ciudad de las filas rebeldes triunfantes.

Desde hace varios años los cubanos están estudiando los efectos del cambio climático. Fidel escribió, en su última etapa al mando, una buena cantidad de artículos periodísticos sobre la temática. Casi que fue un pionero en la advertencia de un sistema económico injusto, que apunta desde hace mucho tiempo a reventar el planeta por su contaminación descontrolada, sumada a un irrefrenable salvesequienpueda. 

El Malecón no escapa a esta problemática, y en este año se realizaron distintos estudios que señalan que el nivel ascendente del mar seguramente complique a los más de 50 edificios circundantes. El huracán Irma golpeo esta zona tras su paso. Sin embargo, sus efectos devastadores fueron neutralizados por un  Estado que se ocupa. Aquí la clave.

Máquinas, guaguas y ruteros

Un automóvil marca Lada fabricado en la URSS en 1980 pica en punta luego de pasar el semáforo de una de las curvas más peligrosas de La Habana, donde se juntan el Malecón y las primeras edificaciones de la Cabaña. Al volante está Julius Rodríguez- “me dicen Yulito”- un joven de cutis blanco y pelo ensortijado, que viste remera de beisbol y bermudas marrones, y maneja a gran velocidad, pasando autos innecesariamente, pero de forma divertida, en la larga carrera desde ese sitio hasta el residencial barrio El Vedado. El trabajador taxista y marxista, estudió técnico administrativo en empresas.

LaHabana4

-Acá en Cuba todo el mundo estudia… yo lo hice.

-Entonces: ¿Por qué manejas un taxi?

-No lo veo como una contradicción. Me deja más dinero este trabajo. Acá en Cuba es así. Lo tienes todo, y no tienes nada. Existe la ambición de cada uno… y uno es libre.

El taxi es uno de los transportes más caros para los habitantes de La Habana. Los existen en todos los modelos de auto: los rusos Lada y Moskvitch, los almendrones: Cadillac, Chevrolet o Pontiac, todos modelos modificados e injertados que tiran humo y petróleo, por las rutas laterales al Malecón.

Compartir los taxis y destinos fue la mejor forma que encontraron los cubanos para abaratar los costos de un transporte que rápidamente les permite recorrer las calles laberínticas que por momentos toman forma en La Habana por tan sólo diez pesos cubanos.   

Las guaguas- colectivos urbanos- están por todos lados, y todos las toman. El viaje cuesta 1 peso: un precio que no existe. Y van atiborradas de pasajeros que se acomodan como pueden a los vaivenes de las calles dolientes y de los baches históricos.

También circulan los colectivos “ruteros”, y las guaguas de “5 pesos”, que ofrecen un servicio un tanto mayor, pero que de todas maneras se desbordan en la hora pico, cuando las luces recién comienzan a encenderse y la noche tarda en llegar.

En la edición número 110 de la revista Bohemia, del 19 de enero de 2018, las periodistas Lilian Knight Alvarez y Delia Reyes García, publicaron un informe crítico acerca de las serias problemáticas por las que atraviesa el transporte público. “Falta de organización, atrasos en los suministros de piezas y agregados, ilegalidades, éxodo de personal calificado, enturbian la calidad de un servicio tan vital”, apuntan en la página 27.

Reconocen las “inversiones recientes”, aunque concluyen en que “aún distan de satisfacer la demanda creciente”, para terminar de forma poética y tajante: “será mucho más espinoso enderezar la ruta”.   

LaHabana3

Llegar a los 80

  Cuba sigue estando al tope de las estadísticas sobre calidad de vida que elaboran las Naciones Unidas. El Indicador de Desarrollo Humano-IDH- de 2017 marca que la isla caribeña ocupa el séptimo puesto en Latinoamérica, muy por encima de Puerto Rico, Nicaragua, el Salvador, República Dominicana, Jamaica, ni que hablar de Haití, que atraviesa una crisis humanitaria permanente.

El informe también marca que la esperanza de vida en La Habana roza los 80 años. Los problemas de transporte, la identidad de los barbudos de Sierra Maestra y un malecón que deberá cambiar, lejos están de ser un verdadero problema.     

Cronicas de la Isla PIE2

Te puede interesar