Yo no lo voté

Información General 11 de mayo de 2018 Por
Crisis y macrismo. Los derechos perdidos y la lucha que continúa. Por Alejandro Romero.
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Después de la euforia del odio y la venganza, después de los brotes verdes que cortaron de raíz, se vino la fiesta de los ricos y de la que muchos se creyeron invitados.

Sería muy largo enumerar todos los logros, beneficios y derechos que perdimos todos, en estos dos años y medio. Tanto los que agitaron las banderas ensordecedoras del rencor como los que sabíamos que aún faltaba conseguir más cosas.

Pero ya está, es irreversible, los dueños del verdadero Poder ahora, además,tienen el gobierno; y como la torta es grande pero el reparto debe ser exclusivo, sí, exclusivo en sus dos sentidos: el de excluir y el de ser para muy pocos, empezaron a tirar a los que sobran por la borda.

Primero fueron los negros, los más pobres, los extranjeros de la Patria Grande y del país profundo.  Luego los trabajadores del Estado, a continuación le siguieron los jubilados, las personas con discapacidad, los estudiantes de clase humilde, los médicos y científicos. Le siguieron los trabajadores de las pequeñas empresas y ahora también de las multinacionales.

Los niños de las escuelas rurales y del Delta bonaerense, los adultos que querían terminar la secundaria, fueron los elegidos de hace poco.

Sin embargo el “se robaron todo” sale aún de muchísimas bocas de cerebros huecos.

Todas, pero todas, todas las promesas están incumplidas y con un nefasto cinismo se ríen de todos y todas.

Ya no hay sector ni rubro que se salve de la andanada avasalladora de estos cipayos, sus parientes y amigos que usurparon el poder legítimamente gracias al voto de una población cansada de vivir bien y que pedía un cambio. Como si estuvieran en el banco de suplentes y quisieran ser titulares de un equipo del que jamás formarán parte. Y les hicieron creer que iban a ser parte de la fiesta en contra de los choriplaneros y kakas que ocupaban felizmente las calles, los sitios turísticos, los restoranes, las pizzerías, las concesionarias y muchísimos sitios más. Pero no se daban ni se dieron cuenta que se estaban mirando al espejo, que eran ellos mismos a los que veían disfrutar del Estado de Bienestar.

Y votaron: la boleta elegida tenía como candidatos al odio y a la venganza y ganaron y festejaron y se sacaron la careta, mostraron sus  verdaderos rostros, tanto los votantes como los votados.

Ahora, después de apenas 30 meses, los beneficiarios de esos votos los dejan a la deriva; “yo no lo voté” dicen muchos, otros miran de reojo o esquivan la mirada y como autodefensa siguen haciendo eco de lo que los poderosos, que le limaron el cerebro,  dicen a través de los medios masivos hegemónicos.

Es probable que si tienen suerte les llegue un telegrama de despido, sino su nombre puede estar pegado en la puerta de entrada de su ex lugar de trabajo.

Y ojo no resistan que para acallar la queja tenemos palos, balas y gases y por qué no una cárcel.

Decia Charly: “No cuentes lo que hay detrás de aquél espejo, no tendrás poder ni abogados, ni testigos… Estamos en la tierra de todos, en la vida. Sobre el pasado y sobre el futuro,
ruinas sobre ruinas…”

Obviamente las respuestas y la resistencia no está en ellos, ni en los unos ni en los otros, sino como siempre, en nosotros, los que creemos que la Patria es el otro, inclusive ellos, que nos escupieron la cara, nos pisaron los dedos de las manos y nos denigraron de hecho y palabra.

Algunos han muerto o podemos quedar en el camino en estos tiempos, pero sabemos que no es por egoísmo que luchamos, sino por los nuestros que son los que quieren y merecen un buen vivir

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