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Y ahora que sí nos ven…

Géneros 23 de mayo de 2018 Por
El verde volvió a flamear en la Plaza San Martín. Se vivió el tercer encuentro a favor de la legalización del aborto seguro, legal y gratuito convocado desde la Juventud Unida por la Revolución Feminista.
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#MARTESVERDE

Por Lila Magrotti Messa

Cerca de las cuatro de la tarde el sol entraba de lleno en la Plaza San Martín y la reunión se iba haciendo cada vez más numerosa. Se comenzó con la lectura de mitos sobre el aborto con la finalidad de confeccionar mensajes que desmientan la desinformación que pesa sobre el mismo, para luego colgarlos en la plaza.

#MARTESVERDE

“Me costó mucho encontrar una imagen que muestre al feto de 8 semanas, todas las páginas que me aparecían eran con nombres así como futura mamá o bebito quiere nacer y no me resultaban para nada confiables” expresó Catalina cuando terminó de leer y antes de abrir el debate en el cual se mencionaron otras ideas falsas sobre la práctica del aborto y sobre el supuesto trauma que genera en la mujer. Se habló sobre el poema que el ex Ministro de Educación y ahora Senador Nacional, Esteban Bullrich, escribió haciéndose pasar por un feto que le habla a su madre. Además, se hicieron comentarios sobre la marcha realizada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires oponiéndose a la legalización del aborto, se leyó el folleto que esa campaña realizó buscando debatir y rebatir sus argumentos colectivamente, “con su lema “pro vida” o el de “salvemos las dos vidas” mienten porque nosotras estamos a favor de la vida y de la libertad para decidir sobre nuestros cuerpos”.

#MARTESVERDE

Se describieron otras campañas graficas que ponen al feto como futuro hincha de la selección argentina. Este fue un punto central del encuentro, pensar en torno a la representación social que genera la interrupción voluntaria del embarazo. Por ello también se rescató la historia detrás de este martes y cómo fue que se llegó al emblema del pañuelo verde, por un lado, como “robo” a las madres de plaza de mayo, un robo que busca expresarse como reconocimiento por su lucha, por otro lado, el verde porque es un color sin connotaciones políticas, sino más bien ecológicas y relacionadas con la esperanza, se entendió que este color podía abrazar “nuestros amplios reclamos por una salud sexual reproductiva” manifestaba el documento que se leyó narrando la historia de la gestación de este símbolo de lucha.

#MARTESVERDE

“En el colegio de hermanas nos pasan un video que se llama el grito silencioso y pegan carteles del bebito” dice una de las asistentes, demostrando que en su escuela se aborda el tema desde una perspectiva de moral religiosa y cientificista a la vez, abonando la desinformación y la estigmatización de la práctica del aborto.

Luego, se leyó este testimonio que transcribimos:

“Sucede que estoy desempleada, sin trabajo, no tengo plata para pagar mi alquiler ni para comer todo esto me llevó a que tenga que volver a vivir con mi madre. La pastilla del día después no me funcionó, a las 11 semanas me enteré que el embarazo seguía, quedé embarazada involuntariamente, la desesperación me llevó a contarles a unos amigos sobre la situación, yo no quería ser madre, no ahora. Necesita una solución que no sea recurrir a una aguja de tejer y no lo encontraba. Un amigo le comentó de la situación a otra persona y ésta le dijo que en Santa Rosa, La Pampa, está permitido el aborto no punible. Con mi amigo decidimos viajar, a dedo, hasta esa ciudad en busca de ayuda, ayuda que no nos brindaron por ser extra provinciales, la solución que nos daban era hacer el cambio de domicilio para poder acceder a la receta médica y así poder comprar las pastillas pero lo que ellos no entendían es que yo estaba sin dinero, no tenía nada era esta solución o tenerlo. Ellos estaban decididos a practicarme el aborto, internándome a partir de la semana 12 de gestación, pero al no tener el dinero en ese momento yo iba a tener una deuda con el estado, deuda que sea como sea iba a tener que pagar, seguían sin entender que yo no tenía dinero.

Luego de tantas vueltas yendo al servicio social, pasar por un análisis de sangre, de ser condenada a una maternidad forzada, con los ojos llenos de lágrimas, fui a lo de una amiga que vivía allá decepcionada y resignada. Mi amiga que es de La Pampa indignada le escribió a un socorrista de allá pidiéndole ayuda.

Ella al escuchar todo por lo que habíamos pasado en esos dos días, furiosa, decidió buscar la solución por su cuenta. La socorrista se encargó de contactar a varias de las mujeres que habían abortado preguntando si les sabía sobrado alguna de las pastillas, pudo juntar sólo 10 cuando la dosis necesaria son 12 pastillas. En una farmacia donde vendían el misoprostol libremente, sin receta médica, en la caja venían 16 pastillas, pero yo necesitaba sólo 2, la otra posibilidad era que me vendan una caja de 4 pastillas que salía 950 pesos, plata que yo no tenía, ni podía conseguir, me dormí.

A la mañana siguiente, al despertarme tenía un mensaje de la socorrista diciéndome que una mujer entendiendo mi situación me las había comprado con dinero de su bolsillo, entonces lo puede hacer con la ayuda de la socorrista y de mi amiga que ya lo había practicado en su casa y tranquila. Soy joven, quiero terminar mis estudios, buscar un empleo, es mi cuerpo nunca lo entendieron solo querían plata no les importó mi situación, no entendían que no estaba preparada no les importó nada mis lágrimas las conmovieron cuando pedí por favor que me ayuden miraban para otro lado”.

#MARTESVERDE

Al final del relato fue difícil volver a hablar, el dolor y la desesperación se escurrían por cada palabra, el testimonio ayudaba a entender en profundidad la situación que se sufre cuando se decide abortar. “Lo que duele es que te señalen y sólo esperen que pagués” se expresó en el encuentro. La mujer con posibilidades va, paga y aborta, la que no puede tiene que andar de acá para allá haciendo dedo para llegar a Santa Rosa, juntado pastillas, conteniendo las lágrimas y llorando a ratos, maltratada, estigmatizada, viendo cómo su cuerpo es visto como negocio, como especulación y no es amparado por ningún derecho. Al mismo tiempo el testimonio permite entender la valentía y la firmeza de las socorristas en red, el valor de los y las amigas que están cuando todo parece abandonarnos.

Ahí están el amor, la lucha, la firmeza sin fines de lucro otra vez salvando las vidas que el mercado quiere aplanar por no ser rentables para sus parámetros. Se está peleando por obtener un derecho, por eso las voces de la Juventud Unida por la Revolución Feminista se alzaron otro martes más dejando en claro que es urgente, que es ahora, que se necesita educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal, seguro y gratuito para no morir, éstos gritos no se silencian más.

GIF REMERA CATALEJO

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