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“El aborto clandestino es un negocio, si no se legaliza, van a seguir muriendo mujeres”

Géneros 29 de mayo de 2018 Por
Una historia trenquelauquense sobre el aborto en primera persona. Violencia de género y violencia del sistema de salud y sus profesionales. Una crónica urgente para los días verdes.
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Por Lila Magrotti Messa

Nos han enseñado que la verdad radica únicamente en las cifras, en los manuales, en lo que dicen los y las docentes, o los medios de comunicación, que nos debe guiar la razón ante todo y el cumplimiento de unas leyes que se han escrito sin que abramos la boca. Ante esto, la potencia fundamental del movimiento feminista tiene que ver con el replantearse ¿qué es la verdad? ¿quién la escribió? ¿para qué? ¿quién elabora las cifras y toma decisiones en base a ello? ¿si no puedo escribir las leyes que intentan gobernarnos por qué obedecerlas? ¿si no podemos entender el lenguaje jurídico por qué aceptar sus normas? Para el feminismo la verdad también radica en los testimonios, en las historias que atraviesan nuestros cuerpos, allí anidan gruesas certezas, allí se alza la voz de un territorio que ha sido históricamente profanado, silenciado, ocupado, violentado, ultrajado. Transcribimos una zona de verdad del mundo, un testimonio leído esta tarde en la Plaza San Martin en el marco de los martes verdes convocados por la Juventud Unida por la Revolución Feminista.

“En 2017 después de una depresión enorme por causas personales, de no saber para donde llevar mi vida, no tenía ganas de estar con nadie y en ese momento dejé de cuidarme.

No tenía ganas de nada, estaba muy depresiva, pero en el fondo trataba de continuar con mi vida, pasaron unos meses y en abril 2017 conocí a un chico de 30 años; me encantó la primera vez que lo vi.

 Creí que estaba llegando algo bueno a mi vida después de tanto sufrimiento,  nos conocimos esa noche y no nos volvimos a separar, estaba para mí en todo, todo el tiempo, hacia muy poco que lo conocía y él estaba pendiente de mí, me quería ver siempre y yo a él, cosa que pensaba que era linda, hasta que pasaron los meses y los celos de su parte empezaron a ser desde una pavada a algo insoportable.

No podía hacer nada, no podía juntarme con mis amigos porque se enojaba, no podía juntarme con varones, le molestaba que use escote y si lo usaba me hacía ponerme una campera, y lo más enfermo de todo: odiaba que hable con su papá, se volvía loco.

Una vez, después de escucharme hablando con su papa, me subí a su auto para irme con él, discutimos por esto, me pegó una piña, me miró y me dijo: ‘mira lo que me haces hacer’, y me dejó sangrando la boca, después de eso yo no podía creer que él me  hubiera pegado.

Me llevó a mi departamento en el cual vivo con mi mamá, entramos los dos, yo tenía los ojos hinchados de llorar, a lo que mi mama me pregunta “¿qué te pasa?”, él no me dejó contestar, y dijo “no sé qué le habrá pasado que está llorando”. Pasaron diez minutos, me pidió perdón y me abrazó, me dijo que yo ya sabía que verme hablar con su padre lo ponía así, que para qué lo hacía. Esa noche no pudimos hablar, le dije al otro día que nunca más me iba a volver a tocar, y la próxima vez se terminaba todo, obviamente me dijo que nunca más.

Pasaron dos semanas después de esto, creí que se había equivocado y nada más, que ya estaba, me llamó y me dijo que me pasaba a buscar para ir a lo de su papá, que estaba con un amigo tomando una cerveza. Lo esperé y apareció borracho, ya me daba terror porque se ponía violento. Llegamos a lo de su papá, nos bajamos del auto, se sentó arriba mío y su papá le dijo “qué borracho que estás”, no se podía mantener parado, me daba besos todo el tiempo y yo le decía que la corte, se lo dije un par de veces hasta que le dije que se levante de arriba mío, eso lo hizo enojarse porque lo desobedecí delante de la gente. Se levantó de la nada y empezó a gritarme, a decirme  que era una mierda, que era una hija de puta, que le había cagado la vida, que no sabía para qué mierda me había conocido, que era una puta de mierda, que me odiaba, que le daba asco.

Se me acercó para pegarme y se metió su papá,  a lo que él le pega una piña a su papá, lo tiro contra una ventana y  su papá tratando de no caerse rompió el vidrio de la ventana y se cortó la mano.  Su papá le dijo que se fuera, que estaba loco, que estaba enfermo. A lo que mi novio reacciona llorando diciéndole al padre que lo perdone por haberle pegado a él y que la culpa era mía, que yo era una puta de mierda,  que lo hacía poner así, que yo tenía toda la culpa, que yo le cagaba la vida; el padre le decía que yo no tenía culpa de nada y siguió así, puteándome y yo llorando. Fue y se acostó, yo no paraba de llorar, no sabía qué hacer porque yo lo quería, fui y me acosté al lado de él, eran las cinco de la mañana, no quería ir a mi casa así , yo llorando. Él se despertó y me dijo “perdoname por lo que hice, mañana va a pasar todo bien”, al otro día hacía como si nada hubiera pasado, después de esas situaciones él cambiaba su actitud hacia mí pero yo me daba cuanta de a poco con la persona que estaba.

Entre tantas cosas en mi cabeza y al no tomar pastillas me doy cuenta que no me venía la menstruación. Empecé a tener nauseas muy fuertes, no podía comer nada, me sentía mucho más sensible y dormía mucho, yo no lo quería asumir pero me daba cuenta que estaba embarazada, fui a hacerme análisis y me dio positivo, la eco me dio que estaba de nueve semanas. No lo podía creer, no quería tener un hijo a esta edad y con un tipo que me pegaba, le dije a la ginecóloga y me dijo que no me podía ayudar, que lo tenía que tener, le dije que no quería varias veces y me dijo “que te lo crie tu mamá”, lo único que quería era morirme, no quería tener un hijo, obviamente no le conté a él.

La llamé a mi mejor amiga que vive en Buenos Aires, le conté que necesitaba que me ayudara, que no lo quería tener, yo tenía que esperar una semana para viajar, tenía que disimular y seguir con mi vida normal, cosa que fue muy difícil; el fin de semana salí, mi novio salió, nos peleamos otra vez y a la salida del  boliche me empujó, me tiró al piso, estaba más segura que nunca, no lo quería tener, no quería tener un hijo de ese tipo, simplemente NO QUERIA, y nadie me iba a obligar a tenerlo.

Me fui a Buenos Aires.

Llegué allá sin saber nada, sin tener idea de nada, pero si con algo bien claro: yo no lo quería tener  y que no lo iba a tener, hice de todo, me pegaba con el palo de amasar en la panza, me emborrachaba, pensé en tirarme del balcón de mi casa.

¿saben por qué me pasaba esto?, no porque esté loca, sino porque cuando no querés tener un embarazo no deseado simplemente no lo vas a tener y preferís morirte antes que llevar un embarazo no deseado, si supieran la angustia que es llevar en tu vientre un embarazo que no querés, yo no dormí durante tres meses, lo único que quería es que me lo sacaran, no quería tenerlo.

Me metí en internet, busqué números de todo tipo para abortar, eran todas clínicas clandestinas…  la mayoría en plena Recoleta, cualquiera que consultaba el aborto salía entre 20.000 y 30.000 pesos. Yo no tenía trabajo, no lo podía pagar y menos mantener un hijo, lo más barato que conseguí fue 16.000 en Tandil, yo no paraba de putear y pensar en el negocio que es abortar para estos hijos de putas y  yo sufriendo así.

Conseguí el numero de un tipo que me dijo que me iba a ayudar, me sitó en un bar con una mina, me dijo que él me iba a apoyar en mi situación pero que primero quería que me viera un médico, me llevó a un médico para hacerme una eco y el medico lo único que me decía era: mira, ahí está la pierna, mirá, ahí está el brazo, fijate cómo se mueve, ése es tu hijo. Ya me parecía una mierda todo,  no me estaban ayudando en nada, cuando salgo de ahí el tipo me dice que él no me va a poder ayudar, lo único que querían era convencerme de que lo tuviera, yo tenía tanta bronca me habían hecho perder tiempo, tiempo que no tenía porque yo sabía que faltaba poco para llegar a los tres meses de embarazo.

 Ya no sabíamos qué hacer y mi mejor amiga llamó a una señora que conoce todo Buenos Aires, amiga de su mamá, me dijo de un lugar para abortar en Avellaneda. Fuimos, no había nada, ya estaba cerrado, no existía más, pero el que tenía el puesto de diario en la esquina se dio cuenta, me llamó y me dijo: ¿vos querés abortar?, yo tengo una inyección para darte. Me asuste y nos fuimos, seguimos consultando en todos lados, todos los días: los precios no bajaban de 30.000 pesos y todos en plena Capital Federal. Yo lloraba todos los días, no lo quería tener.

Hasta que conseguí un número de teléfono y me dicen que me van a dar otro tipo de pastillas que no son misoprostol, pero que eran lo mismo, salían 4.000 pesos y tenía que ir a Claypole a las once de la noche a buscarlas, tenía mucho miedo pero nada me sacaba mis ganas de abortar, yo no lo iba a tener, sea como sea estaba decidida; le comenté a mi amiga que era la que me prestaba la plata, y me dijo que fuéramos, que me bancaba.  Le dijimos a un amigo varón para no ir solas, íbamos a llevar un arma ya que él era seguridad en un negocio, teníamos miedo de verdad y no sabía dónde nos estábamos metiendo.

Faltaba un día para ir a Claypole y siempre nos escribió el hermano de mi amiga diciéndonos que mejor consultemos a unas chicas: "las socorristas en red". Llamamos esa mañana antes de ir a Claypole, total no teníamos nada que perder, le comenté mi situación y me citaron a la tarde, yo ya sin esperanzas nos encontramos, nos hicieron entrar con otra chica, las dos desesperadas estábamos.

Entonces les comenté lo de Claypole y les nombré el medicamento que me iban a dar, a lo que estas chicas me dijeron que ese medicamento no existía en Argentina, que no sabían que me podría haber pasado si yo esa noche iba a Claypole, fue algo que no me olvido más, si hubiéramos ido no sé si estaría hoy acá.

Pero a todo esto yo lo único que preguntaba  es si me iban a conseguir el misoprostrol, me dijeron que sí, mi felicidad fue increíble, sentía que se terminaba todo, me pasaron direcciones de todos los lugares donde me podían llegar a vender las pastillas, todas farmacias, fuimos a Recoleta, Palermo, Constitución, Flores, Almagro, Retiro, Belgrano… todo el día de acá para allá, no las podía conseguir, otra vez me desesperaba y me angustiaba.

Sabía que faltaba cada vez menos para los tres meses, hasta que llegué a Chacarita, entré, pregunté por las pastillas y me dijeron que las tenían… exploté de felicidad, me dio la plata mi amiga: 1500 pesos, ya está, solamente tenía  que volver a Trenque y hacérmelo al otro día.  

Me vuelvo a Trenque e intento hacerme el  aborto con las pastillas, paso por paso, como me indicaron las socorristas, hice todo como me dijeron, el dolor era insoportable, nunca había tenido un dolor así, creí que moría, que no iba a aguantar semejante dolor. Tuve solo una pérdida, me di cuenta que no lo había abortado,  todo lo que había hecho no me había funcionado, no lo quería tener, no quería que me obligaran, me quería morir.

 Las llamé a las socorristas y me dijeron que vaya a Buenos Aires al otro día, que me iba a hacer el aborto un médico de su confianza en un consultorio.

Llegue allá, fui con mi amiga, y conocí al mejor tipo del mundo, me cobraba sólo la anestesia, y me lo iba a sacar ese mismo día, le dije que no tenía más plata, no tenía nada de nada, me dijo que no le importaba, que él me quería ayudar. Me dio un abrazo y me dijo: te faltan dos días para las doce semanas de embarazo, lo tenemos que hacer ya, me dio dos ibuprofenos, esperé quince minutos y me realizó un ameu (aspiración manual endouterina), el dolor que yo sentí era insoportable. Imagínense que me pusieron una mujer para que me agarre la mano, me calmé, fue el peor dolor de mi  vida, pero no me importaba, la satisfacción que sentí cuando me lo sacó y terminó fue increíble.

Después de realizarme el aborto me dio una charla de educación sexual, me mostró todos los métodos anticonceptivos que existían, me hizo elegir uno y me lo dio.

Tardó quince minutos en realizarlo, salí de ahí, abracé a mi amiga y le dije se terminó: amiga ya está. Y lloramos, y sentí libertad, una libertad que no había sentido nunca, explotaba de felicidad, no iba a tener un embarazo que no quería, sentía que había podido decidir por mí misma, por mi cuerpo y que tenía ese derecho porque mi cuerpo es mío, era una felicidad inmensa, no se puede explicar en palabras.

Cuento esto para que abran los ojos, la discusión no es aborto sí o aborto no, como verán yo iba abortar de la manera que fuera y como fuera, el tema es aborto clandestino y toda esa mafia que se maneja o aborto legal y seguro.

Cuando llegue a Trenque Lauquen después del aborto volví con mi novio, el cual al poco tiempo me volvió a pegar, a llenarme de moretones, escupirme en la cara, y decirme que no lo podía denunciar por el trabajo que el tenia, que no me iban a dar bola, que no le podía hacer nada yo a él. Hoy puedo decir que estoy felizmente separada.

Dejemos de obligar a mujeres a tener embarazos e hijos no deseados ya sea por casos de violencia como el mío, ya sea porque no le podemos dar de comer, ya sea porque no queremos ser madres o ya sea porque no nos cuidamos, basta!

Dejemos de pensar que la mujer "fuerte" es la que queda embarazada y lo tiene que tener porque se la tiene que "bancar", el obligar a una mujer a parir no la hace más fuerte, ninguna mujer tiene que ser obligada a ser madre, no tenemos instinto de madre, eso es mentira, no nacimos para ser madres, tenemos que ser lo que queremos ser. No somos incubadoras humanas para dar en adopción, no genera ningún trauma realizarse un aborto, trauma genera tener un embarazo no deseado, trauma genera tener un hijo que no querés tener, trauma genera ir hacerte un aborto y no saber si vas a salir viva, esto se tiene que terminar, esta mafia tiene que tener un fin porque el aborto clandestino es un negocio y si el aborto no se legaliza, van a seguir muriendo mujeres en abortos clandestinos, por eso exijo ABORTO LEGAL SEGURO Y GRATUITO”

Llegar al final de este relato que se leyó hoy en la plaza San Martin es un acto de valentía, porque a cada párrafo el dolor aumenta, el ponerse en el lugar de ella no es fácil, escucharla, leerla, no es fácil porque lo que narra es lo que como sociedad estamos construyendo día a día para muchos cuerpos gestantes que no quieren seguir con su embarazo. La humillación, el dolor, la depresión a la que sometemos sistemáticamente a los cuerpos que deciden interrumpir su embarazo. El lugar central de las amigas y de las socorristas en red otra vez vuelve a superar toda mezquindad, toda mafia, todo negociado sobre nuestros cuerpos. La aprobación de la ley supone que la práctica de la interrupción del embarazo deberá ser segura y ante todo gratuita, no nos conformamos con que ya no nos metan presas, exigimos igualdad de derecho para no morir simplemente por no poder pagar la intervención.

Sumado a ello, la violencia de género no puede quedar en segundo plano, también es una zona de la normalidad que como sociedad construimos y reproducimos. Y más de una vez se pone el foco equivocado y la pregunta que se lanza es y ¿por qué sigue con él? ¿por qué volvió? Y no se pregunta tanto ¿por qué él es violento? ¿por qué la violenta sistemáticamente? ¿qué derecho tiene él sobre el cuerpo y el bienestar de ella? La cultura patriarcal construye relaciones basadas en un amor romántico que de amor tiene poco. Donde los celos son leídos como confirmación del querer, donde el controlar al otro es síntoma de que la pareja es estable y “sana”, donde hacerle creer que somos la única persona importante para aliviar sus sufrimientos es un acto digno de aplauso. Repensar el modo en que nos dijeron que debemos relacionarnos es un punto central de la lucha. Y acá la insistencia con la Ley de Educación Sexual Integral que tiene como punto principal desmantelar la mirada construida en torno a la objetualización de la mujer (pero que por ahora lo único desmantelado es su aplicación).

Los martes verdes han hecho avanzar a zancadas la historia de Trenque Lauquen. Hablan de una juventud que se enfrenta al sentido establecido, cuerpos de mujeres que se atreven a unirse, a repensarse, a enfrentarse a sus dolores y sobre todo a politizarlos.

GIF REMERA CATALEJO

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