Carta abierta a quien crea que los pobres no accedemos a la Universidad

Información General 31 de mayo de 2018 Por
Una joven trenquelauquense, estudiante universitaria e integrante de Diario Nep, le responde a Vidal, quien preguntó si era justo "llenar la provincia de universidades públicas cuando todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega a la universidad".
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Por Pamela Pía López (*)

“¿Es justo llenar la provincia de Universidades cuando todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega a la universidad?” fue la pregunta que se hizo en el día de hoy la gobernadora Vidal frente a socios del Rotary Club en un almuerzo en el hotal Sheraton.

Está más que desinformada si cree que nadie pobre accede a la universidad. Pero sería importante que se pregunte por qué casi nadie que es pobre puede acceder a los estudios universitarios. Ahí sí que vería lo importante que es descentralizar las universidades para garantizar el acceso, la permanencia y el egreso de todas/os las/os jóvenes que quieran estudiar una carrera universitaria, con lo difícil que es, aún, acceder a ella si sos del interior.

La palabra “justo” en la boca de una funcionaría que, entre otras cosas, está a favor del aumento indiscriminado de tarifas, que pretende pagar sueldos docentes por debajo del indice de la pobreza, roza lo obseno. Lo que para ella puede ser justo, para quienes estamos de éste lado siempre será una calamidad.

Se preguntarán de qué lado hablo, y es el de la pobreza. Porque efectivamente (y aunque la gobernadora no lo crea) soy pobre y accedí a la universidad pública, gratuita y de calidad.

Nací en Trenque Lauquen, en el moisés de un albañil y una empleada doméstica. Las cunas de mis primos y primas no fueron muy diferentes, todos/as hijos/as de obreros, del mercado laboral informal.
Ser hija de una mujer que tenía como único empleo la limpieza de casas en la cuna del menemismo no trae ningún misterio, por el contrario una lista eterna de certezas: saber que no se llega a fin de mes, que la plata no alcanza, que el alquiler no se puede pagar, saber que hay solo para una comida aunque sean dos bocas. Pero sobre todas las cosas, saber que a mamá la enferma la tristeza de tener la certeza de que en esas condiciones no podrá.

Y sin embargo, contra todo pronóstico, llegué a la universidad ¿Es ésto un triunfo? ¿Una victoria? ¿Un premio al esfuerzo de mi vieja o al mío? No. O al menos, jamás debería serlo. Acceder a la Universidad debe ser un derecho para todas y todos, porque sí, Eugenia, las y los pobres también somos parte de ese “todo” que tanto te gusta llamar “gente”.

Puede ser en todo caso, que mi llegada a la universidad haya sido (ni más ni menos) que la desición política de un gobierno que nos invitó a soñar con un país mejor, que dignificó el laburo de mi vieja, que nos otorgó derechos y políticas públicas, que nos quiso hacer parte a las/os pobres y que, claramente no fue de su gestión.

La gobernadora se preguntó si es justo llenar la provincia de universidad, pero la pregunta debería ser otra ¿Qué creemos como pueblo que es lo justo? ¿Es justo que miles de jóvenes se queden por fuera de la universidad por no tener acceso a ella? ¿Es justo que los y las hijos e hijas de obreros no puedan acceder a la universidad por su condición socio-económica? ¿Qué es lo justo?
Porque juro,que ver a personas que amo dejar la escuela para salir a trabajar no fue justo. Que armar mis valijas sabiendo que en mi ciudad quedaron pibes y pibas que tienen sueños pero que no tienen acceso a la educación universitaria tampoco fue justo.

Pero quienes creen que las/os pobres no tenemos más destino que el seguir siendo pobres no saben nada de justicia. 
Pero nosotras/os, las/os pobres, a quienes nos la han robado, quitado, arrancado por décadas lo sabemos: lo justo es que tengamos las mismas oportunidades que quienes nacieron fuera de la pobreza. Que su gobierno no se quiera hacer cargo de eso, es otra cosa

(*) Estudiante universitaria. Periodista. Pobre. 
 
 

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