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“Vuélvase a Trenque Lauquen, porque ellos también pueden desaparecer o le puede pasar algo a usted”

Derechos Humanos 14 de junio de 2018 Por
Reproducimos un extracto del libro "Maldito tú eres", donde se narran las amenazas que el cura Cristian Von Wernich le propinó a los familiares de los jóvenes desaparecidos. El sacerdote pasa sus días cumpliendo condena a reclusión perpetua en la cárcel de Ezeiza.

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Por Hernan Brienza 

El timbre sonó imperativamente dos veces. Extraña urgencia para las diez de la noche. Los habitantes de la Casa de Estudiantes de Trenque Lauquen, un albergue estudiantil para becados, se sobresaltaron. No esperaban a nadie más. Estaban reunidos para delinear los pasos a seguir en la búsqueda de los tres chicos desaparecidos el 15 de Julio de 1977, apenas un mes antes.

-Hola. ¿Se puede?- preguntó el sacerdote.

-Pase, Padre. ¿Qué necesita?

-No, nada. En realidad, quería saber si precisaban algo. Soy el padre Cristian Von Wernich, vivo en Pehuajó y me mando el obispo Gilligan para ver si los puedo ayudar a pasar este momento…

-Venga, venga, siéntese por acá, ¿quiere un mate?

Von Wernich se sentó en la mesa y recibió la calabaza caliente en sus manos. Chupó la bombilla y pregunto: “¿y ustedes cómo están?”

Sentados en ronda estaban Elena Taybo de Petina, María Luisa Lopez de Sangla, Jorge Manazi y los siete chicos que habían sobrevivido al secuestro del 15 de Junio: Ruben Genoni, José Hige, Miguel Angel Morán, Juan Perez, Julio Cesar Lafit, Jorge Jordan y Raúl Urbaneja.

Elena y Jorge comenzaron a contarle que esa noche once personas habían irrumpido en la Casa de Trenque Lauquen, ubicado en calle 41, número 769, de La Plata, y se habían llevado de los pelos a Rodolfo Petiná, hijo de Elena; a Hector Manazi, hermano de Raúl; y a Ricardo Sangla, hijo de María Luisa Sangla. Los tres estudiaban Medicina y Petina militaba en el Partido Comunista. A los otros dos no se les conocía participación política alguna. Los tres chicos aún hoy continúan desaparecidos.

-Que terrible- se lamentó el capellán-¿Y ustedes se están moviendo? ¿Qué están haciendo ahora?

-Bueno, nosotros ahora estamos haciendo cosas- dijo confiada Elena-. Fuimos a los organismos de derechos humanos, ¿vio Padre? También presentamos un recurso de hábeas corpus. Bueno, y el otro día nos vimos con gente de la OEA para contarles todo, ¿vio?

-Que bien- dijo apenas sonriente Von Wernich.

La charla continuó y entre mates y bizcochos de grasa, el capellán se puso un poco insistente con las preguntas: “¿Y ustedes ahora como van a continuar con su lucha?” “¿Y los demás chicos militan en algún lado?” “¿Y en la embajada de Estados Unidos que les dijeron?” Las interrogaciones eran tantas que los familiares comenzaron a sospechar. Hasta que uno de ellos le espetó:

-Escúcheme padre ¿Por qué hace tantas preguntas usted? ¿A que vino, consolarnos o espiarnos?

-Vine a ayudarlos- dijo y miro fijamente a los ojos de Elena de Petiná-. Usted, señora, por ejemplo, ¿cuántos hijos más tiene? 

-Tres- contestó ella- ¿pero a qué viene esa pregunta?

-Yo le voy a dar un concejito. Por qué no se deja de romper las pelotas con tanto trámite y tantas averiguaciones. Vuélvase a Trenque Lauquen, porque ellos también pueden desaparecer o le puede pasar algo a usted. Y al pibe que se llevaron, ya no lo van a volver a ver, lo tiene el Grupo Lagarto…

El mate quedó en la mesa y las miradas se cruzaron veloces tratando de confirmar si era cierto lo que cada uno de ellos había escuchado. Se hizo un silencio interminable, espeso, como si el diablo hubiese suspirado sobre la mesa.

El capellán sonrió sutilmente con su acostumbrada sonrisa de galán maduro. “Es un concejo que les doy”, explicó y se levantó de la mesa. Lo último que les dijo en tono amenazante fue:

-No se gasten, no me acompañen. Les aviso: ni se les ocurra decir que yo estuve acá. Y no se hagan ningún problema más. Yo voy a estar rezando por las almas de sus hijos y por las almas de todos ustedes. Para eso soy cura, ¿no?       

GIF REMERA CATALEJO

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