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Aborto: una historia trenquelauquense en primera persona

Género 19 de junio de 2018 Por
Una mujer se contactó con la redacción de este portal para compartir su relato preservando su identidad. Una historia de dolor y el verde que asoma con la posible sanción de la ley.
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En el año 2014 tuve un embarazo a causa de que los anticonceptivos no me habían hecho efecto,  lamentablemente el destino quiso que un aborto espontáneo impidiera que ese año sea madre. Sé que muchas mujeres lo tuvieron, sobre todo en el primer embarazo, a mi mamá y a mi bisabuela le había pasado.

Cuando comencé con las pérdidas estaba trabajando, me internaron, me lo retuvieron, me mandaron a mi casa, a las pocas horas volví con pérdidas, me hicieron una eco, ya su corazón no latía, tenía que despedirlo, biológicamente, porque mi obstetra es “pro-vida”.

Estuve toda una noche retorciéndome como un gusano, llena de sangre, los dolores no cesaban nunca, gritaba, gritaba de dolor, cuando quería dormir, otra vez las contracciones, y volvía el llanto, la sangre, los gritos y más sangre, a la madrugada ya no tenía lágrimas, no tenía voz, no tenía aliento, y los dolores eran más crueles, más fuertes, más duros, parecía que me retorcían las piernas una y otra vez, que patadas incesantes en el estómago se punzaban cada dos segundos, que un nudo inmenso en la garganta me dejaba sin respirar. Estaba toda transpirada, en un momento mi amiga rompió en llanto y pidió que hicieran algo, que me estaba desangrando, que era inhumano lo que me estaban haciendo, movió cielo y tierra, hasta que logró que me intervinieran.

Firmó y firmé un papel en la Clínica, ni sé lo que decía, lo que sí recuerdo es que mi doctor me dijo que puede traer consecuencias, pero que estaba en buenas manos, que él más que nadie quería verme ser mamá, porque yo le recordaba a su hija.

Entré al quirófano, me durmieron y en veinte minutos estaba con mi amiga de nuevo, me desperté y me sentía como si me hubiesen arrancado un pedazo de piel, como si me hubieran arrancado algo de mi ser, si la gente supiese el dolor corporal que causa mientras lo estás “despidiendo”, si la gente supiera el dolor emocional que causa, el dolor psíquico que causa, juro que nadie lo haría.

Dos años más tarde, un 7 de marzo de 2016, a la mañana me hago un análisis de sangre,  puesto que me estaba por poner el dispositivo intrauterino (DIU), porque los anticonceptivos no me habían hecho efecto en el 2014 y ahora me producían malestar corporal, así todo nunca dejé de tomarlos, mi doctor me presentó esta alternativa, el DIU, súper seguro, con la diferencia que no tenía que ponerme la alarma para no olvidármelos de tomar, estaba adentro y no corría riesgo alguno.

Fui al consultorio de análisis clínicos, ahí cargaron mal mis datos y en vez de hacerme todos los análisis de rutina, por equivocación me hicieron uno de embarazo, que había dado el resultado que menos esperaba: dio positivo, estaba embarazada.

Un hijo llegaba a mi vida sin desearlo, había fallado el método anticonceptivo de nuevo, yo no quería ser mamá, no por el momento, estaba en mi último año de la facultad, a punto de recibirme, en pareja con el hombre casi perfecto (o por lo menos para mí lo era), nos amábamos profundamente, viajábamos todos los fines de semana, no tenía horarios para nada, gastaba dinero en ropa, de marca obvio, ahorraba mensualmente, estaba por comprarme un terreno con mi ex pareja y por cambiar el auto, había averiguado por un viaje a Europa, que lo terminaba de pagar cuando me recibiera y ése era mi premio por tanto esfuerzo. Tenía un trabajo hermoso, me encantaba. Estaba en un momento alucinante. No era el momento, muchos proyectos, otras prioridades.

Mi ex pareja no quería saber nada, yo tampoco, y el aborto era una opción que en ese momento yo estaba convencida de hacer. Fui a un doctor, otro que no era mi obstetra, que tiene una clínica clandestina, el hombre más violento que conocí en mi vida, igualmente me saque todas las dudas, le pregunté todo, de todo, salí del consultorio directo a buscar la plata. Antes, tenía turno con el psicólogo, hacía dos años que estaba haciendo terapia, las consecuencias del embarazo anterior aún estaban latentes y esto reavivaba más el dolor; enfrente estaba mi consultor terapéutico, ése que cuando dejas de creer en todo te ayuda a creer de nuevo en ese alguien, esta persona tenía una particularidad, además de ser terapista era médico generalista.

Tenía que tomar una decisión, decidí no abortar. Mi pareja me dejó, sí como lee, aún hoy en el siglo XXI, los hombres abandonan a sus mujeres, soy madre soltera, madre de un niño de seis meses, tuve un embarazo y un parto soñado, amo a mi hijo y muero de dolor cada vez que lo dejo en la guardería. Trabajo y estudio, mi familia me ayuda mucho, mis amigas también, todo es cuesta arriba para mí, amo a mi hijo y todos los 9 de cada mes le prendo una velita a ese bebé que perdí hace cuatro años.

Esta es mi historia, y contando esto quiero que la gente tome conciencia de que el aborto existe, que la “interrupción voluntaria” existe, que seguro alguien muere, que seguro que trae consecuencias de salud, emocionales y psíquicas, pero no por eso vamos a dejar que cientos de mujeres mueran en la clandestinidad, que cientos de profesionales se llenen los bolsillos a costilla de la desesperación de otras mujeres.

Nos juzgan si tenemos muchos hijos, nos juzgan si abortamos, nos juzgan si somos madres jóvenes, si somos madres después de mucho tiempo, si nuestros hijos se llevan mucha diferencia de edad, si queremos ser madres con vientre “subrogado”, si nos hacemos inseminación artificial, nos juzgan si no queremos ser madres. Por todo nos juzgan, y ahora más, porque somos “feminazis” porque exigimos el derecho de decidir sobre nuestro cuerpo.

ABORTO LEGAL PARA NO MORIR, porque el aborto existe y si bien considero que las mujeres pobres son las que menos abortan y las ricas las que más lo hacen, ambas clases sociales mueren en la clandestinidad.

Legalizar para que otros profesionales de la salud, como terapeutas, asistentes sociales, enfermeros psicólogos y obstetras realicen su trabajo baja la ética profesional de salvar vidas, porque una vez que la mujer decide abortar es porque no ve otra opción y con la ayuda de los expertos podemos evitar la interrupción, o tal vez, si decide hacerlo y está convencida, lo va a hacer igual y puede morir.

Legalizar para la seguridad de que al menos se salve una de las dos vidas.

Señores, si no quiero ser madre es mi decisión, si quiero tener hijos es mi decisión, si quiero subrogar un vientre es mi decisión y si quiero abortar es mi decisión. Lo que pido no es que me ayude, ni tampoco que lo comprenda, mucho menos lo invito a que lo haga, simplemente pido que se termine con un negocio nefasto que existe y con muertes dolorosas a causa de estas prácticas clandestinas, porque las consecuencias del aborto ya las conozco, yo más que nadie las conozco. Porque por más que a mí me practicaron un aborto porque corría riesgo mi vida, los dolores los viví en carne propia y quédese tranquilo que los que creemos en Dios, en el universo, y las almas, sabemos que las consecuencias de cada uno de nuestros actos son en vida.

#ABORTOLEGAL #ABORTOSEGURO

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