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Caso Solano: el inicio del fin de la impunidad

Derechos Humanos 03 de agosto de 2018 Por
Daniel Solano, trabajador golondrina, salteño, levantó la perdiz sobre la estafa que Expofrut y Agrocosecha llevan adelante. Se lo vio con vida por última vez en un boliche de la localidad de Choele Choel, Río Negro, el 5 de noviembre de 2011. Desde Fiske Menuco, una crónica de Diario NEP tras el fallo histórico que condenó a siete policías a perpetua.
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Por Lila Magrotti Messa


Un pedido de justicia que ya lleva 7 años. Daniel Solano, trabajador golondrina, salteño, levantó la perdiz sobre la estafa que Expofrut y Agrocosecha llevan adelante. Se lo vio con vida por última vez en un boliche de la localidad de Choele Choel, Río Negro, el 5 de noviembre de 2011, su cuerpo aún no aparece. Su padre, Gualberto Solano, acampó durante todos estos años frente a la fiscalía de esa localidad. El juicio a 7 de los policías implicados en el asesinato de Daniel inició en febrero, Gualberto llegó a declarar y tiempo después falleció sin llegar a escuchar la lectura de la sentencia.

7 años de encubrimientos, 7 policías, 7 cadenas perpetuas

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El frío intenso no facilitaba nada pero tampoco nos impedía saber que estábamos donde deseábamos, la madrugada se hacía sentir en la terminal de Choele Choel desde donde salimos para ir a presenciar la lectura de la sentencia del caso Daniel Solano en la sede del Poder Judicial de Río Negro, ubicado en General Roca, como aún le dicen quienes no encuentran nada de absurdo en nombrar a nuestros territorios con las nomenclaturas del poder, la opresión y la muerte.  Entonces decimos ubicado en Fiske Menuco, que es como la lengua mapuche llamó a ese territorio, reconociendo que en nuestras palabras también hay impunidad si seguimos sacando del olvido a Roca para reivindicarlo en nuestras prácticas cotidianas como forma de dar sentido a nuestras vidas, instituciones y ubicaciones.

Un poco menos de 200 kilómetros nos separaban de Fiske, todo lo demás nos unía en un grito de Justicia “Daniel Francisco Solano presente, ahora y siempre” 

Se había formado una fila numerosa delante de las puertas de la sala de la planta baja donde se leería la sentencia, carteles con la cara de Daniel y una palabra que retumbaba “perpetua”, remeras con la imagen de Daniel y Gualberto abrazados recordando que algunas ausencias son, en realidad, presencias para siempre, una emoción particular se sentía en el ambiente, mezcla de ansiedad, necesidad de justicia, recuerdos reunidos a lo largo de 7 años de lucha.

Finalmente se abrieron las puertas y poco a poco la sala se empezó a llenar, en medio de un calor sofocante, con familiares de Daniel, con compañeros y compañeras que lucharon codo a codo junto a Gualberto, medios locales, medios alternativos, populares y comunitarios, sindicatos, organizaciones populares, hasta que no entraba nadie más, y así, como los imposibles, como hacen ellas las cosas, llegaron Inés Ragni y Lolín Rigoni Madres de Plaza de Mayo de Neuquén y Alto Valle. En la sala también estaban presentes familiares y compañeros de trabajo de los policías imputados y una gran cantidad de efectivos cumpliendo tareas. Los familiares de los acusados se quejaron con los efectivos por los pañuelos verdes presentes en la sala, por las remeras con inscripciones, por las pecheras; el efectivo que escuchó su reclamo le dijo que las remeras estaban permitidas.

Luego ingresaron los acusados y sus defensores, y los abogados de la querella Sergio Heredia y Leandro Aparicio en medio de aplausos y abrazos que nadie quería dejar de darles. Su rol fue fundamental durante la lucha, imprescindible, ellos fueron echando luz en cada zona que la justicia de Río Negro se ha encargado de encubrir. Finalmente ingresaron los jueces Oscar Gatti y Gastón Martín y la jueza María Eugenia Balduini.  

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 La sentencia

El delito juzgado: (Extracto de la sentencia)
 “Acusación: se atribuye a los imputados que en la madrugada del 5 de noviembre del 2011 el joven Daniel Solano habiendo ingresado al local bailable Macuba Mega Disco en la localidad de Choele Choel, Río Negro, en horario que podrían resultar previos a las dos horas y que posiblemente entre las tres y las tres treinta horas aproximadamente el joven, que se transformaría en la victima, habría sido sacado del boliche de forma compulsiva y violenta por los empleados policiales Sandro Berthe, Pablo Bender y Walter Etchegaray. Los efectivos policiales aludidos habrían arrojado a Daniel Solano por las escaleras por las que habría bajado tambaleándose hasta la vereda e intentando asirse del brazo de otra persona e incluso de una baranda existente en el lugar por el fuerte y violento empellón que le propinaron los uniformados que ya en ese momento se había sumado el oficial Héctor Cesar Martínez y habiéndose solicitado a la comisaría de Choele Choel la presencia de un móvil policial. Se hizo presente minutos después un móvil policial arribando al lugar los empleados policiales Pablo Albarrán Cárcamo, Diego Cuello, Pablo Quidel y Juan Barrera estacionando en la puerta del local. Del móvil habría bajado el oficial Juan Barrera quien se suma a los oficiales que estaban junto con Solano, consiguen llevar a la víctima hasta dar vuelta la esquina que resulta ser un sector oscuro, de escasa iluminación, en ese lugar los oficiales detallados habrían agredido físicamente a Daniel Solano propinándole golpes de puño y patadas y con la posible utilización de un elemento contundente (cachiporra). Viéndose superado en número y en fuerza por los agresores y por la calidad de agentes del orden público y viéndose imposibilitado de ejercer defensa alguna ante lo intempestivo del accionar de los incusos como así también por la violencia desplegada. Mientras tanto el móvil policial con los efectivos Pablo Albarrán Cárcamo, Diego Cuello y Pablo Quidel se había trasladado de su posición inicial de arribo al sector oscuro que se viene mencionando con las luces apagadas mientras los efectivos policiales Sandro Berthe, Pablo Bender y Cesar Martínez intentaban hacer ascender al móvil policial por la fuerza a Daniel Francisco Solano que a gritos había pedido explicaciones de por qué se lo llevaban al tiempo que manifestaba que no había hecho nada, a lo cual Solano habría recibido más golpes que habrían terminado por dejarlo inconsciente y siendo subido a la parte trasera del móvil policial despidiendo sangre por la fosas nasales y la boca. Y que posteriormente el móvil habría retomado la marcha en dirección al puente de acceso a la isla 92 de Choele Choel, siendo secundado por un vehículo Fiat Duna color rojo, que en el momento de los hechos pertenecía a Sandro Berthe. De tal manera se tiene que los imputados Berthe, Bender, Barrera, Martínez Albarrán Cárcamo, Cuello y Quidel habrían sido quienes estuvieron en último momento vital conocido del ciudadano Daniel Solano. Se tiene que Daniel Solano fue víctima de la violencia desplegada por el personal policial antes mencionado y agredido por los mismos se hace presumir que como consecuencia de dicho accionar se produce el fallecimiento de Francisco Daniel Solano, aún cuando a la fecha su cuerpo no haya sido hallado por haberlo dispuesto de forma, manera y lugar que al día de hoy no resulta acreditado. Así mismo se le imputa al acusado Martínez que habiendo integrado en carácter de jefe de la comisión investigadora del inicio de esta misma causa habría desvirtuado elementos de prueba ocultando los mismos e informando acerca de falsas hipótesis y produciendo la obstaculización desde el inicio de esta investigación a los fines de procurar su propia impunidad y la de sus pares” .

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Desmentir a la defensa: las coartas 

Luego de repasar la acusación, la jueza María Eugenia Balduini continúa con la lectura de la transcripción de los alegatos de las partes imputadas, durante un poco más de una hora se tuvo que escuchar las falsas coartadas de los efectivos policiales. Que habían festejado su cumpleaños y luego habían dormido en su casa junto a su esposa, que habían cocinado empanadas para una iglesia y otra vez la esposa como garantía, que había muerto un cuñado y no estaban en la ciudad. En el caso de las esposas ellas declararon que efectivamente habían pasado la noche con ellos, relato que quedó luego desmentido por la contundencia de los testimonios presentados ante el tribunal; y en relación a la muerte del cuñado, se comprobó que la misma había sucedido un día antes de lo declarado y el imputado se encontraba en la ciudad de Choele Choel durante el día 5 de noviembre de 2011 en el horario correspondiente al hecho que se le imputa. Fueron entonces desmentidos punto por punto los alegatos de los acusados. “Debemos decir que la hipótesis de descargo que fuera sostenida en el juicio tanto de manera privada como pública es la que a nuestro juicio prevalece sobre la de descargo realizada por los enjuiciados y sostenida técnicamente por los señores defensores, puesto que esta última queda plenamente desvirtuada a la luz de la numerosa serie concordante prueba de neto corte incriminatorio que se ha producido durante este largo juicio oral y público. Sosteniendo que los acusados perpetraron los hechos que se les indilgan. En efecto de un análisis integral del conjunto probatorio que fue puesto a nuestro alcance es dable entender que los hechos acontecieron de la forma en la que lo alegara la señora fiscal de Cámara y la querella. Los responsables penalmente hablando son los aquí juzgados”  (extracto de la sentencia)

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Desmentir a la defensa: sin cuerpo no hay delito

Otro de los argumentos de la defensa fue que al no hallarse restos de Daniel no se puede comprobar su muerte. Según Pablo Iribarren, abogado de los acusados: “No tenemos cuerpo, por lo tanto no hay autopsia; por lo tanto no sabemos la causa de la muerte, o sea cuándo y cómo se habría producido. ¡No hay escena del crimen! Esto implica que no contamos con información de la ciencia y la criminalística que permita buscar, encontrar y recoger los indicios o evidencias con el fin de establecer: ¿qué? ¿quién? ¿cuándo? ¿con qué? ¿y cómo se produjo un hecho criminal? A ello le sumamos los resultados negativos de los informes técnicos y pericias que se han realizado en la causa. Ya sea búsqueda de rastros en móviles policiales, vehículos particulares, rastrillajes, inspecciones a comisarías, cementerios, chacras, jagüeles, ríos y lagunas. Entrecruzamientos de llamadas e intervenciones telefónicas. ¡Nada! Nada de nada. Lo que propone la querella es que existe una megabanda con ramificaciones de alto poder, pero parece ser que esta megabanda con ramificaciones de alto poder llevan adelante esta confabulación, que termina con la muerte de Solano, a través de señales de humo o el telégrafo. ¡Nadie se comunica entre ellos! ¡No hay prueba documental relevante!”, sentenció en el momento en que realizó la exposición de la defensa de los acusados.

A lo cual los jueces recurrieron a jurisprudencia donde se habían fallado condenas aún sin el cuerpo de las víctimas, además fundamentaron con citas teóricas e incluso hicieron una nefasta ejemplificación con un sándwich en el cual “si uno roba un sándwich y se lo come antes de que lo acusen, por más que este no aparezca como prueba el delito ocurrió”. Asimismo agregaron que sobre el delito de desaparición, el tribunal no tiene facultad para juzgarlo, asegurando que corresponde al fuero federal, por lo cual “la sentencia del día de hoy responde sólo al cargo de homicidio agravado por alevosía por ser cometido por un funcionario público”.

Sobre la ausencia del cuerpo se pronunció Inés Ragni: “Los policías tienen que ir presos pero tienen que decir la verdad, ¿Dónde está Daniel? es la exigencia de las Madres de Plaza de Mayo de Neuquén y Alto Valle pidiendo la verdad, la memoria y la justicia, ojalá en este juicio tengamos algo de eso, y vamos a esperar que nunca, nunca, nunca más vuelvan a pasar estas cosas.”

solano9Romina, sobrina de Gualberto, remarcó que: “nos falta encontrar a Daniel, queremos que nos entreguen a Daniel. Mi tío se fue sabiendo lo que hicieron con Daniel, no es que él no sabía, tenía muy claro lo que había pasado, lo que le hicieron y el deseo que queda pendiente es el objetivo de mi tío Gualberto, que nos entreguen el cuerpo de Daniel y llevarlo a Tartagal y sepultarlo donde está él. Todo este proceso, toda esta injusticia nos quitó a Daniel, y la justicia que en principio hizo la vista gorda y fue encubridora, cómplice, lo fue matando a mi tío Gualberto. Y así nos quitaron a dos personas con injusticia y con la injusticia propia de la justicia, mi tío, él debería estar acá tendría que haber presenciado esto, pero sé que está, está presente”.

Peligrosa y torpe excusa por parte de los abogados defensores, más aún con la memoria latente de lo ocurrido durante la última dictadura militar donde aún sin hallar los restos de la totalidad de los asesinatos cometidos los crímenes siguen existiendo. Aprendimos con dolor que aún sin el cuerpo la lucha está fundada, aprendimos que creen que si lo esconden no vamos a poder gritar y pedir justicia, sabemos que no tienen límites y construyen relatos y nos dicen que están en Europa, en Neuquén o en Chile.  Edificaron relatos y le mostraron a Gualberto videos diciéndole que Daniel se había ido por su cuenta y él respondiendo que “ese del video no era su hijo”, dijeron eso aún cuando Daniel dejó todas sus pertenencias en los galpones donde los hacían vivir, llamados “gamelas”. Aprendimos que ésta es una de las más peligrosas de las estrategias del poder, creer que pueden crear verdades.

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Lectura del fallo

Finalmente, luego de varias horas de lectura donde iba quedando claro que la defensa no había logrado probar sus alegatos y que el fallo se basó en darle credibilidad al relato de los testigos, se llegó al momento de la lectura de las penas dispuestas:

“La pena a imponer está decidida en la ley y es la de prisión perpetua e inhabilitación perpetua, en consecuencia conforme al acuerdo de los votos que anteceden en la cámara segunda en lo criminal por unanimidad falla:

(extracto de la sentencia)

1. condenando a Sandro Daniel Berthe, Pablo Federico Bender, Juan Francisco Barrera, como coautores de los delitos de homicidio agravado por alevosía y por haber abusado de sus funciones siendo miembros de una fuerza de seguridad en concurso real con vejaciones a la pena de prisión perpetua más inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos accesorias del articulo 12 y del artículo 4-99 del código procesal penal.

2. Condenando a Pablo Andrés Albarrán Cárcamo, Pablo Roberto Quidel y Diego Vicente Cuello como coautores de los delitos de homicidio agravado por alevosía y por haber abusado de sus funciones siendo miembros de una fuerza de seguridad en concurso ideal con incumplimientos de los deberes de funcionario público a la pena de prisión perpetua más inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos accesorias del articulo 12 y del artículo 4-99 del código procesal penal.

3. Condenando a Héctor Cesar Martínez como coautores de los delitos de homicidio agravado por alevosía y por haber abusado de sus funciones siendo miembros de una fuerza de seguridad a la pena de prisión perpetua más inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos accesorias del artículo 12 y del artículo 4-99 del código procesal penal” .

“yo sabía, yo sabía, que a Daniel lo mató la policía”.

Al finalizar la lectura la sala se revolucionó, en un grito fundado “yo sabía, yo sabía, que a Daniel lo mató la policía”. Y no fue para menos, tardó 7 años la justicia en reconocer los hechos ocurridos y denunciados desde 2011, tardó y aún encubre, entorpeció la  investigación, costó la vida de Gualberto y el pacto de silencio que aún mantienen 7 de los policías implicados y ahora condenados hacen que la impunidad siga latente porque no declaran dónde está el cuerpo de Daniel.

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Con crimen probado, cadena perpetua: pero libres

Tienen perpetua, y ¿a ahora qué? era la pregunta que hacía que la sensación de haber logrado arrancarle, con mucho esfuerzo, a la injusticia un poco de justicia se desvirtúe, ¿por qué no se van esposados?. “Están en libertad hasta que se agoten las acciones recursivas que entiendo que van a demorar uno o dos años, durante todo este tiempo van a seguir en libertad, les quedan al menos dos instancias recursivas. En principio les queda el recurso ante el Tribunal Superior de Justicia acá en Río Negro, que está en Viedma, lo cual puede demorar un año, más el recurso que se puede llegar a interponer ante la Corte Suprema de Justicia que va a tener uno o dos años. Entonces tres años mínimo que están en libertad, de hecho no se sabe si seguirán portando armas, cobrando su sueldo como policías pero que van a estar en libertad, van a estar en libertad. Por eso estamos medianamente satisfechos, aun hay muchas cosas por hacer, está bien que nos alegremos un rato, que lo disfrutemos hoy, pero la verdad la lucha no ha terminado, recién empieza, no nos olvidemos que falta vaciar el jagüel, encontrar todo lo que hay ahí. Entonces el pedido concreto es que esto continúe, que no se levante el acampe, que no bajen los brazos, hasta que no aparezca el cuerpo de Daniel, hasta que no estén efectivamente presos estos policías” aclaró Leandro Aparicio, abogado querellante.

Por lo tanto los 7 policías continuarán en libertad, el mismo fallo presentado por los jueces rechazaba el pedido de prisión preventiva, por lo que continuarán en libertad hasta que este firme la sentencia. En este caso, los jueces consideraron que no se cumplen los requisitos que ameriten la detención como el riesgo de fuga o el entorpecimiento de la investigación. Sumado a ello afirman que se “han agotado los tiempos máximos de detención preventiva” que permite el Código Procesal Penal.

“Quedo probado todo lo que dijimos, hoy si hay sentencia es gracias a nosotros, no a la fiscal ni a nadie, es gracias a nuestro trabajo, es solo un poco de justicia porque quedaron libres, espero que al menos los echen de la policía, al menos, pero de esta provincia no creo nada” afirmó Sergio Heredia.

El peligro de festejar esta sentencia: sus aberrantes omisiones

A medida que se iba leyendo la sentencia, quedaba una sensación rara, los testimonios falsos que se volvieron a mencionar hablaban de un Daniel Solano alcoholizado y molestando en un boliche, queriendo hacer pasar un río turbio por las supuestas aguas cristalinas de un naturalizado abuso policial, de esos que sabemos que siempre pasan, se intentó reforzar la idea de que este delito fue simplemente una vez más donde se le fue la mano a la policía. Peligrosa lectura pero efectiva para ocultar las relaciones macabras del móvil de este crimen, como creer que el crimen de Santiago tiene sólo que ver con un abuso de fuerza de Gendarmería o decirle “Doctrina Chocobar” a una política de estado tramada en un plan sistemático de ajuste y represión y en el cual la violencia policial sólo queda cargada en la culpa del agresor borrando las relaciones de poder que se traman allí con el poder político, el poder judicial, el poder económico.

Este no fue un crimen más, ningún crimen lo es, el problema es pensar que si existen crímenes así porque sí. No hay dudas, este asesinato y desaparición tiene que ver con un entramado de explotación y estafa muy densa y muy peligrosa. Que fue atando cabos relaciona, Expofrut, Agrocosecha, narcotráfico, trata, jueces encubridores. Muchas sillas más deberían estar ocupadas por quienes fueron participes de este crimen, históricamente y en la actualidad, para dimensionar el nivel altísimo al que puede ascender la impunidad, el vicedirector de Expofrut en el momento en que Daniel desaparece era Fernando Oris de Roa quien hoy es nuestro actual embajador en Estados Unidos, flojo ascenso…

“Los verdugos de Solano no trabajan ni se movían solos. Eran parte de una estructura jerárquica delictiva. A Solano lo mandaron a matar los dueños de la empresa Agrocosecha S.A., como una forma de aleccionar al resto de los trabajadores. La sanción sobre el cuerpo de Solano fue la consecuencia por haber actuado como delegado en una protesta dentro y en contra de la empresa Agrocosecha S.A. Los verdugos de Solano no sólo eran parte de un red de trata de personas que reclutaba personas de la provincia de Salta, también eran parte de una red de narcotráfico que distribuía droga en el boliche bailable Macuba Megadisco”. Esta es la hipótesis sostenida por la querella en base al testimonio de los testigos a la que no se le dio lugar argumentando claro en la sentencia a pesar de los cuarenta cuerpos de pruebas presentados en tanto argumentan los jueces “no permiten acreditar la estafa”.

Incluso se hizo caso omiso a la declaración que durante el juicio había hecho Gualberto Solano explicando que la última vez que habló con Daniel, un día sábado, él le contó que no había cobrado como correspondía y que el lunes siguiente harían paro en Agrocosecha.

“Se han conseguido algunas cosas pero a nosotros no conforma del todo, sobre todo que se haya dicho que no está acreditada la estafa cuando tenés los documentos públicos de la Secretaría de Trabajo de Río Negro y también de la Anses que dice cuánto le robaron a Daniel y a los más de 262 trabajadores que estaban con él. Entonces, más allá de que este fallo los condena a todos, ¿qué es lo que dice?. Que se juntaron un par de policías y dijeron vamos a matar a un pibe y no es así, es más complejo, sabemos que la policía mata acá pero en este caso es mucho más complejo que eso. Acá hay una razón adicional de porqué se juntaron estos policías, pero por una razón o por otra Expofrut sigue sin aparecer acá, entonces eso es lo que no nos conforma para nada en este fallo” resaltó Leandro Aparicio al finalizar la lectura de la sentencia.

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“Acá hay muchos baches, llámese Doctora Bosco (quien fue fundamental para encubrir los hechos ocurridos), llámese Tristán Flores, hay muchas cosas que no se dilucidaron es importante remarcar esto. Acá las únicas verdades las aportamos nosotros, nuestros testigos. Como bien se dijo acá hay un policía pehuenche armó una teoría encubridora, ¿por qué no está dentro del fallo como encubridor? Yo lo quiero a Ariel Lallana, fue testigo del proceso de allanamiento, estuvo en la casa de Barrera, organizó una marcha para echarme del pueblo, entonces aún hay muchas cosas que nos van a servir como prueba para facturas actuaciones. Y no me quiero olvidar también de Héctor Villagrande desaparecido el 10 de diciembre del 2011 en la zona de Lamarque, no me quiero olvidar de Alberto asesinado en Lamarque y tirado su cuerpo al río, no me quiero olvidar de Pedro Cabaña Cuba, de Roque Pegadillo, no me quiero olvidar de ningún norteño muerto en esta zona, merecen justicia, entonces vamos a continuar con la misma garra, con el mismo empeño” afirmó Sergio Heredia con una convicción contundente de haber dado un paso más.

Al mantener durante el relato de la sentencia que este hecho se sostiene como abuso de poder policial se oculta el móvil que llevó a la desaparición de Daniel Solano, el reclamo de su salario, el reclamo ante una empresa implicada en delitos múltiples pero impune, se desdibuja la trata de personas, el rol que el dueño de Macuba Megadisco cumplió en este delito, el rol de los y las jueces que encubrieron este hecho, los falsos testimonios, el rol de los policías que aún no han sido sentados como acusados, saber porque desde la comisaría octava nunca se registró la salida del móvil que la noche del 5 de noviembre de 2011, qué pasó con la billetera de Daniel, quedaron demasiados cabos sueltos, esta condena se celebra y abre paso a lo que sigue pero no cierra ningún proceso, como afirmó Sergio Heredia en las puertas del Poder Judicial de Fiske Menuco: y agregó “¿Por qué nadie paró la agresión contra Solano? Porque era un morochito aborigen de Tartagal, entonces es bueno, el morochito cuando va a Macuba a tomar, ese morochito si lo queremos nosotros, es bueno el morochito cuando viene a bajar la manzanita pero no es bueno el morochito cuando reclama justicia, no era bueno tampoco Gualberto solano, entonces estas cosas se deben cambiar. Esta trata de personas, esta explotación debe terminar, esto es un pequeño paso, vamos a continuar esto no termina acá”.

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